home Callejeos por Triana, Turismo Callejeando por Betis

Callejeando por Betis

Pero estos Callejeos deben continuar, así que subid de nuevo hasta la calle Betis, pero no entrad en ella. Ya habrá oportunidad de hacerlo. Caminad por la acera que comienza bajo un majestuoso retablo de la Esperanza de Triana instalado en la fachada de la casa número 1, sobre la entrada del Restaurante El Mero, lugar donde poder disfrutar de la auténtica gastronomía mediterránea. Se trata de un retablo cerámico pintado por Antonio Martínez Adorna en el año 1983 y fabricado en Cerámica Santa Ana para recordar la entrega a la hermandad, por parte del arzobispado, de la bula de la Coronación Canónica, que ocurriría al año siguiente.

Pasaréis delante de los números 2 y 3 de la plaza, ubicados a un nivel más bajo que la propia acera, portales a los que se accede por dos escalerillas laterales que recuerdan que son viviendas construidas antes de la elevación del Altozano. La casa número 4, sin embargo, muestra en su fachada un interesante placa de azulejos que señala el lugar donde viviera Francisco de Ariño, el historiador del siglo XVI citado ya en estos Callejeos. Es una de las treinta placas colocadas por toda Triana para la Exposición Universal de 1992, como recuerdo de vecinos ilustres, lugares históricos o acontecimientos señalados, a iniciativa del ya mencionado Ángel Vela Nieto, quien redactó los textos, si bien hay que decir que la mayoría de ellas se fueron colocando en años posteriores.

Justo enfrente veréis una estatua de bronce, obra de Venancio Blanco, situada en unos jardincillos que los trianeros antiguos llamaban alameilla, junto al lugar donde estuviera el puesto de bebidas La Canariera, después llamado de Laureano por regentarlo Laureano Gordillo, personaje muy popular en el barrio, y por último, ya por los años sesenta del siglo pasado, el Kiosco de las Flores, establecimiento especializado en pescado frito que se tuvo que trasladar al otro extremo de la calle Betis cuando se construyó el aparcamiento debajo del mercado.

Se trata del torero Juan Belmonte, el Pasmo de Triana.

Dejemos que sean las palabras del periodista Paco Robles, escritas en el periódico ABC de Sevilla del 20 de febrero del año 2015, las que nos cuenten qué hace aquí su estatua:

Belmonte es una sucesión de pensamientos y de faenas que se llevó el tiempo. Por eso el escultor Venancio Blanco acertó cuando, allá por el año 1972, lo inmortalizó en esa estatua suavemente cubista que es infinitamente más moderna que los muñequitos que se perpetran en la actualidad. Desde el Altozano, Belmonte adelanta el mentón mientras dirige su mirada hacia la plaza de los toros. Un hueco deja ver la Giralda a la altura de su corazón de aire. El viento cortante de febrero se cuela por los vacíos que descomponen los planos de su figura.

Fue colocada once años después de su trágica muerte a iniciativa del periódico ABC de Sevilla como homenaje del cariño de Sevilla hacia su torero, en el barrio donde se crió y en el lugar donde jugaba a torear cuando era niño, cerca del puesto de quincalla que tenía su padre en la escalera del mercado.

Antonio Burgos escribió en su libro Sevilla en Cien Recuadros, publicado en el año 1990, un bello artículo titulado Una papeleta de sitio dedicado al suicidio de Juan Belmonte,

 un hombre que todo lo tenía, y que todo lo había sido; un hombre que creció en un corral de la calle Castilla y al que una tarde, como al Cachorro, el aire del barrio le faltó y buscó la muerte (…)

 

A su lado veréis un hermoso ejemplar del árbol del caucho, plantado muy cerca del torero para arroparlo en su último desplante.

Los bares Akela o la Boca del León están ubicados en el edificio siguiente, construido por Yanguas Santafé en 1922, donde estuviera durante algún tiempo la primera central telefónica del barrio. En él vivió el doctor don Vicente Acosta, quien fuera hermano mayor de la hermandad de la Esperanza de Triana, pregonero de la Semana Santa de Sevilla, Trianero Adoptivo, autor del libro Triana de Puente a Puente y el otorrinolaringólogo de toda la vida de la familia del autor de estos Callejeos. Don Vicente murió en septiembre de 2015. Justo delante de su casa se montaba en tiempos pasados el tablao de la Velá.

La terrazas de la Cervecería Altozano en el número 6 o el bar La Cinta en el número 7, son lugares recomendados donde poder sentarse y observar, desde donde ser testigos, sin prisas, de la vida cotidiana de este emblemático lugar de Triana. Sabed que en el local de este último establecimiento estuvo antes la taberna El Sol Saliente, de Emilio Gordillo, padre del Laureano Gordillo, donde se reunían los taurinos del barrio a desmenuzar las faenas de la Maestranza.

Antes de continuar no dejad de fijaros en el nuevo retablo cerámico del Santísimo Cristo de las Tres Caídas instalado entre los balcones situados sobre la cervecería, pintado por Ángel Lora y colocado en 2012 por la Hermandad de la Esperanza de Triana, para conmemorar sus cuatrocientos años de vida.

Continuará.

José Javier Ruiz,  del libro “Callejeos por Triana”

— Más Callejeos por Triana