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Castillo de San Jorge

 

Desde el puente de Triana, ya se ve el Castillo de San Jorge. Foto JBG
Desde el puente de Triana, ya se ve el Castillo de San Jorge.
Foto: JBG

Me da mucho coraje, muchísimo, escuchar a bastantes sevillanos decirme: “Quillo, pero donde está” o “A mi no me suena nada”, otros se sitúan un poquito más: “Está en Triana, verdad” o “Nada más entrar en Triana, se ve”. Pero lo que ya tiene delito para mi, opinión particular, es oír a un trianero, desgraciadamente, a muchos trianeros: “Pues he pasado mil veces, miarma, pero nunca me ha dado por entrar”. Sin embargo, está incluida su visita en recorridos turísticos sobre la ciudad de Sevilla. Les hablo del castillo de San Jorge, castillo de Triana o castillo de la Inquisición, como también se le conoce, una fortificación medieval construida en el margen oeste del río Guadalquivir, que fue usada también como sede y prisión de la siempre malvada y cruel Inquisición Española.

          Cualquier persona que entre en el barrio de Triana por el puente de Isabel II, si viene por la acera derecha, cuando llegue al ecuador del trayecto, lo primero que le entra por los ojos, es la fachada blanca del  castillo de San Jorge, en el tranquilo y sosegado paseo Nuestra Señora de la O. No les cuento esto, porque sea mi castillo, ni mucho menos, porque yo de santo, supongo, tengo poquito. Ya me gustaría ser el propietario, pero…

          En el siglo XIX, fue derribado para edificar un mercado de abastos. Pero en las ruinas subterráneas, existe un centro museístico muy interesante, sobre el Castillo, la fatal Inquisición Española y sobre toda la represión religiosa de la época. Se accede bajando unas escaleras en la Plaza del Altozano, junto a la capilla del Carmen y el Mercado de Triana. Junto al mercado de abastos, ubicado en la confluencia de las calles San Jorge, Callao y Castilla, comunicando con el paseo Nuestra Señora de la O, se encuentra el Callejón de la Inquisición, que en su día, formaba parte de la fortificación del Castillo.

La entrada al Castillo está junto a la Capilla del Carmen. Foto JBG
La entrada al Castillo está junto a la Capilla del Carmen.    Foto: JBG

          Si hacemos un repaso rápido a la historia, habría que remontarse a la época de los visigodos, que crearon una fortificación junto al río, para la defensa de la entonces ciudad Spalis, nombre visigótico de Sevilla. En 1171, durante el dominio almohade, Jucef Abu Jacub, rey de Isbilia, ordenó la construcción en esa zona del río de un puente flotante sobre una hilera de barcas para unir las orillas este y oeste, conocido como puente de Barcas.

          Las cadenas del famoso puente de Barcas, estaban unidas al entonces llamado Castillo de Gabir. Ese mismo año, el rey Jucef Abu Jacub, canalizó el agua del Guadalquivir, desde el Castillo hasta el interior de la ciudad, gastando una inmensa suma de dinero. Pero Fernando III de Castilla, con la ayuda de la flota de Ramón de Bonifaz, rompería las cadenas y con ella la barrera del puente. Una auténtica pena, un desastre total y absoluto.

          Todo esto, ayudaría a Fernando III en 1248, a tomar la ciudad de Sevilla. El Castillo pertenecería a la Orden Militar de San Jorge, patrón de los caballeros y los soldados, desde dicha toma y hasta 1280. Con el paso de los siglos, la importancia defensiva del Castillo fue disminuyendo bastante. Desde 1481, se convirtió en sede de la innombrable Inquisición Española, que abandonaría el Castillo en 1626, debido al continuo deterioro de sus muros a causa de las fuertes crecidas del río. Durante ese periodo de tiempo, la fortaleza fue cedida al Conde Duque de Olivares, el cual se ocupó de las reparaciones, cuidados y de una enérgica vigilancia sobre las mercaderías que se realizaban a sus puertas.

          La Inquisición volvió en 1639 al Castillo, hasta 1785, año, por fin, de su definitiva marcha. Además de como sede, la fortaleza también se usaba como prisión, ocurriendo en sus mazmorras, insufribles actos de violencia. Este Tribunal inquisitorio, fue creado por los Reyes Católicos para perseguir a los falsos cristianos y a los herejes, que eran cruelmente interrogados y muchos de ellos, ejecutados allí mismo.

          Durante el siglo XIX, concretamente en 1823, el Castillo fue demolido para crear un ensanche desde la Plaza del Altozano hasta la calle Castilla y para la edificación de un mercado de abastos, que sigue en funcionamiento actualmente, a pesar de sufrir sucesivas reformas. Bajo el mercado, se llevaron a cabo numerosas excavaciones arqueológicas, que concluyeron en la necesidad de musealizar los restos del Castillo de San Jorge, un espacio restaurado en el que se pueden ver algunas de las estancias de dicha institución, como los calabozos donde encerraban a los herejes e impíos. También se ha creado un centro de interpretación de las ruinas y de la represión religiosa, que supuso la Inquisición Española en Sevilla, donde se han instalado paneles explicativos para que el visitante, conozca a fondo toda la historia de este espacio.

 Jorge Benítez Govantes


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