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Continuamos por la calle San Jorge

Nuestros Callejeos continúan por la calle San Jorge, calle que comienza en este cruce de caminos buscando la salida natural del barrio hacia el norte. A Castilleja de la Cuesta y a Huelva, a Camas y a Extremadura, y al Monasterio de la Cartuja se va por ella, como también por ella se iba al antiguo cementerio de San José y a la estación del ferrocarril que una vez hubo por el Patrocinio. Y desde luego a Santiago de Compostela, porque la calle San Jorge y después Castilla, forman parte de la Vía de la Plata o Camino Mozárabe, ruta obligada que tienen que andar los peregrinos para llegar hasta su destino, como señala un pequeño azulejo colocado en la fachada del edificio situado al comienzo de la calle.

San Jorge siempre se consideró parte de la calle Castilla aunque ya a finales del siglo XVI aparece junto a la calle Callao como sitio de los Esparterías o calle de los Esparteros, por los artesanos que aquí estaban establecidos. En la antigüedad estuvo muy vinculada al castillo, a donde se asomaban varias de sus  torres y después al mercado, lo que le dio carácter comercial, estableciéndose en ella numerosas tiendas y colmados a lo largo de la historia.

A principios del siglo XX se remodeló totalmente, ganando anchura y altura con los nuevos edificios de varias planta que se erigieron en ella. Antes de construirse la avenida del Cristo de la Expiración soportaba un intenso tráfico, que fue desviado en los años cincuenta del siglo pasado por el que se conoció como tapón de Chapina. Actualmente son las terrazas de algunos bares y el incesante ir y venir de los usuarios de la plaza de abasto los que dan vida a la calle, llamada de San Jorge desde 1821 en recuerdo al castillo que había sido derribado no hacía mucho.

En la casa modernista levantada en 1929 que contiene los portales números 4 y 6 existe un pasadizo por donde se entra  al mercado, y en la fachada del número 15 un azulejo que recuerda el accidente ocurrido en este lugar en el año 1943, cuando un tranvía que venía desde el altozano colisionó con el paso de palio de la Virgen de la O.

En el siguiente número se encuentra la tienda-exposición de la empresa de Cerámica Artística Sevillana de Antonio González, primera pincelada que anuncia la cercanía de uno de los rincones más bello de Triana. Después veréis la casa número 23, donde otra placa de azulejos de Alfonso Orce recuerda que fue donde naciera en 1893 el anarquista Melchor Rodríguez, el que fuera conocido como el Ángel Rojo por salvar la vida a muchos prisioneros del bando nacional durante la Guerra Civil, mientras era delegado de Prisiones en la cárcel de Alcalá de Henares. Como la de don Aurelio Murillo, esta placa también fue colocada por la Asociación Cultural y Artística de Triana, siendo la primera de las cuatro que hasta el momento su iniciativa ha dado a Triana.

Antes de continuar es menester que crucéis a la acera de los impares y os detengáis en Casa Manolo, un clásico restaurante de Triana, inaugurado en el año 1939, como indica el azulejo de su fachada, por Manolo Ortiz Cabielles, cántabro de Comillas. En 1970 su hijo Manolo Ortiz Gómez, trianero de Chapina, heredó el negocio.

Desde entonces el humo de sus fogones se ha mezclado con el de los alfareros y ceramistas, dando el toque de olor y sabor que nunca faltó a Triana.

Comida casera servida por profesionales de toda la vida y un ambiente familiar en la barra y el comedor es lo que encontraréis si entráis en este clásico establecimiento trianero.

Continuará.

José Javier Ruiz,  del libro “Callejeos por Triana”

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