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El homenaje a las tradiciones artísticas de Triana

Cuando salgáis fijaros en el peculiar estatua que se encuentra en medio de la pequeña plazuela. Se trata del Monumento a la alfarería y a la soleá, una forma de homenajear a las dos tradiciones artísticas que identifican a Triana.

Uno de los niños de la fachada de Cerámica Santa Ana parece haber salido de la pared y haberse venido a esta esquina, haciéndose de bronce junto al horno alfarero. El grupo escultórico fue realizado por Augusto Morilla en el año 2008 y fue instalado por el ayuntamiento sobre un pedestal donde unos azulejos nos muestran numerosas letras de soleares.

De la alfarería ya hemos hablado en estos Callejeos y lo volveremos a hacer al pasar por la calle que tiene dedicada. Es el momento de hacerlo de las soleares de Triana, el más importante estilo flamenco que se canta y baila en la actualidad.

La soleá guarda en su estructura musical los principales elementos de la estética flamenca, como son la melodía, el ritmo y la armonía. Evolucionó del jaleo, género muy popular en el siglo XIX en toda Andalucía, que conjugaba ritmo y compás con cadencias melódicas sentimentales, y fue en Triana donde nació, donde los gitanos la cantaron entre los martinetes y las tonás acompasándolas a sus formas y los payos de los alfares la hicieron correosa y dulce, llamándolas del Zurraque.

En los azulejos que tenéis delante veréis numerosas letras de soleares que dedican sus tres o cuatro versos  a Triana.

En Santa Ana bautizá

pa quien no sepa mi nombre

yo me llamo soleá

Del flamenco y de las soleares se han escrito ríos de tinta, pero sería Camilo José Cela en su libro Primer Viaje Andaluz, el que diera una sabia definición de este palo:

La soleá es alegre y triste, jaranera o solemne, brava o burlescamente mansa, según sea, y según esté en cada momento, el ánimo del cantaor. La soleá, hondo cantar del corazón le llamó el poeta, es cante que tiene un difícil eco en la guitarra. El toque por soleares es apasionado y gallardo, abundante siempre y fanfarrón o suavísimo, según se tercie.

 

Detrás del niño alfarero veréis la entrada al denominado Callejón de la Inquisición. Está considerado como parte del Castillo de San Jorge, al parecer un pasaje menor por donde entraban y salían prisioneros de cierta alcurnia para pasar desapercibidos. Durante mucho tiempo se usó para bajar al río a coger agua. Ahora es la entrada al llamado Paseo de Nuestra Señora de la O.

Entrad en él y bajad hasta el Guadalquivir. Desde allí tendréis magníficas vistas del puente y de Sevilla. Los sábados y domingos por la mañana se instala en ese lugar, desde el año 2009, el Paseo del Arte, mercadillo que no os dejará indiferentes, donde podréis encontraros con los artesanos que exponen sus óleos, mármoles, acuarelas, azulejos de cerámica, esculturas de terracota e incluso retratistas en pleno trabajo.

 

Continuará.

José Javier Ruiz,  del libro “Callejeos por Triana”

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