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La Farmacia Santa Ana del Altozano, un regreso al pasado.

El bar La Cinta hace esquina con la calle Pureza. A continuación comienza una fachada de viviendas que se dirige hacia el norte. En ella destaca un alto edificio neomudéjar y en él la Farmacia Santa Ana.

Si podéis, entrad en ella. Verdaderamente será un regreso al pasado.

Los paños de azulejería de sus paredes, en el zócalo de la izquierda podréis ver a Teseo, héroe ateniense matando al Minotauro, y en el de la derecha a Esculapio, el dios griego de la medicina rodeado de Yaso y Panacea, sus hijas, y las estanterías de madera recogiendo los originales albarelos cerámicos donde se debieron guardar tantísimas medicinas, dotan de un sabor especial a esta especial farmacia.

El primitivo establecimiento lo fundó en 1886, en unas antiguas casas en esta misma manzana, Francisco Murillo Hernández, un farmacéutico de Vélez Málaga que se trasladó a Sevilla en aquella época con toda su familia. Muy querido en el barrio cedió la farmacia en 1903 a su hijo Enrique Murillo Herrera, quien mandó construir el edifico actual de estilo neomudéjar, diseñado por el arquitecto José Espiau y Muñoz en 1913. Es en ese momento cuando se instalaron los paños de cerámica de las paredes, diseñados por Francisco Murillo, hermano del propietario y catedrático de Arte de la Facultad de Bellas Artes, siendo dibujados por el ceramista Manuel Vigil-Escalera y fabricados en el taller de Cerámica Montalván.

Junto a la farmacia se ubicó un laboratorio de especialidades farmacéuticas llamado Teseo, donde Enrique Murillo desarrolló nuevos medicamentos que mejoraron la salud de sus vecinos, como fue el antidiarréico llamado Lactobismutina.

En la farmacia atendía gratuitamente a los vecinos menos pudientes y sus consejos y recomendaciones llegaron a toda Triana. Murió en 1927, dejando al barrio huérfano. Su féretro fue llevado al cementerio en un armón de artillería, seguido de una multitud de trianeros que quisieron acompañarlo en ese momento final. Tiene dedicada en Triana la calle Farmacéutico Murillo Herrera.

Hasta 1940 no se pudo hacer cargo del negocio su hijo, Aurelio Murillo Casas.

Don Aurelio, Urelio, como le decían los vecinos, heredó la profesión de sus antepasados pero también la tradición caritativa de ellos, siendo reconocida su labor con la Cruz con distintivo blanco de la Orden de la Beneficencia. Fue concejal del ayuntamiento y teniente de alcalde de Triana, Delegado de Parques y Jardines (en su mandato se construyó el Paseo de la O y se inauguró el Parque de los Príncipes en Los Remedios), presidente durante muchos años de la comisión organizadora de la Velá de Triana y hermano mayor de la Hermandad de la Estrella. Pero sobre todo fue un verdadero trianero. Como a su padre, se le dedicó una plaza del barrio.

Murió en 1975 mientras estaba cerrado el puente por las obras ya referidas, pero por ser quien era y por la lucha que sostuvo para que no lo derribaran, se permitió al cortejo fúnebre abandonar el barrio por su querido puente, cruzando a hombros de sus amigos hasta Sevilla.

Cuando se cumplían veinte años de su muerte, el periodista y escritor Nicolás Salas escribió una columna en el periódico ABC en su memoria titulada Aurelio el Boticario. Recordemos algunos párrafos:

Hace veinte años que murió el excelentísimo señor don Aurelio Murillo Casas, Cruz de Beneficencia. (…) Aurelio el boticario para los trianeros, pobres o ricos. El paño de lágrimas siempre dispuesto a servir a los demás con espíritu cristiano más allá de lo razonable, hasta la imprudencia, sin respeto humano, confiando en la Divina Providencia.

(…)Triana fue para Aurelio Murillo la razón de su vida social, y hasta puede afirmarse que, por amor a Triana y los trianeros, condicionó su propia vida familiar y profesional (…) Fue el apóstol de Triana, un permanente testimonio de ejemplaridad, de práctica consecuente de la espiritualidad (…)

 

A la entrada de la farmacia veréis una placa de cerámica con el retrato de don Aurelio. Fue colocado en mayo de 2012 a iniciativa de la Asociación Cultural y Artística de Triana, constituida tres años antes con el propósito de luchar por la memoria del barrio y sus hijos más destacados, y es obra del ceramista Alfonso Orce.

En la actualidad es su hija, María Luisa Murillo Taravillo quien regenta esta famosa farmacia del Altozano. Ella mantiene vivo el recuerdo de los suyos, narrando a todo el que entre en su farmacia y le pregunte la historia de los Murillo.

Continuará.

José Javier Ruiz,  del libro “Callejeos por Triana”

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