Historias y Leyendas

 

“Sevilla tuvo una niña,
y le pusieron Triana;
la bautizaron en el Río
los gitanos de la Cava”

Según la mitología, la diosa Astarté huyendo de la persecución amorosa de Hércules vino a refugiarse en la orilla occidental del Guadalquivir fundando Triana.

Triana no es un barrio monumental, sino un barrio con un ambiente especial.

El encanto del barrio no está en sus calles, sino en sus gentes, con carácter e idiosincrasia propios  y en la  vida cotidiana que en él se genera.

Etimología

Tradicionalmente, se asoció a su pasado como colonia romana fundada por Trajano, el emperador romano nacido en Itálica, Trajana-Triana.

Según algunos autores, el nombre, provendría de una fórmula de compromiso entre los celtíberos y los romanos, Tri, tres del romano y Ana, río, de origen celtíbero, ya que por esa zona el río se dividía en tres.

Otros, como Justino Matute Gavira: “otros ciertamente más instruidos en materias etimológicas deducen su nombre de Trans amnem, expresión con que los latinos significaban lo que está más allá del río… y aún los árabes por esta misma circunstancia llamaban a Triana Ma-Wara-Fnahr, que vale tanto como allende el río: la transfluvial, aunque más comúnmente la decían Atrayana o Athriana…” 

Orígenes:  Historias y Leyendas

Desde siempre, Triana ha estado unida estrechamente a la actividad cerámica y fluvial.

Ya en tiempos de los romanos se sitúa la historia de las Santas Justa y Rufina, dos hermanas alfareras trianeras que, como muchos de sus convecinos de entonces y de ahora, vivían de convertir el arcilloso suelo trianero en cerámica.

Cuenta la leyenda que estando ambas vendiendo sus productos en Sevilla pasó ante ellas la procesión en honor a Venus, cuyas cofrades pidieron a las hermanas algún donativo para la diosa. Éstas se negaron por considerar que la imagen que llevaban en andas estaba hecho del mismo barro que sus vasijas. A consecuencia de la disputa, que degeneró en pelea, la diosa cayó al suelo rompiéndose en pedazos, dando razón a las alfareras, pero motivando su detención y posterior martirio.

Gracias a esta narración sabemos que separación de Sevilla y Triana  se perpetúa en el bajo imperio por motivos religiosos: Mientras que en Híspalis dominaban las creencias oficiales del Imperio, en Traiana ya vivían las primeras comunidades cristianas.

En 1589 al fundarse el gremio de los olleros (ceramistas) en Triana fueron elegidas como patronas del mismo.

Posterior a esta época se sitúa la leyenda de la Princesa de la Cava.

Esta tal Cava era hija del conde visigodo Don Julián, y amante de Ruderico, Duque de la Betica. Al ascender éste ultimo al titulo de Rex Gothorum, la Cava, herida en su orgullo por no ser escogida por Ruderico como esposa y reina, conspirará con los partidarios de Witiza para traer a los moros a España.

El palacio de la princesa se situaría pasando la Cava.

En tiempos almohades se construye el Castillo de Triana  donde hoy está el Mercado, para proteger la ciudad de ataques procedentes desde el Oeste. Como parte del sistema defensivo se crea una muralla y, a sus pies, un canal de agua se abría desde Chapina a Pza Cuba por la actual calle de Pages del Corro.

En al argot trianero se conoce a esta calle como “La Cava”, por lo que a pesar de la leyenda sobre la hija del Conde Don Julián, es posible que dicho canal sea artificial.

Al espacio entre esta Cava y el brazo occidental del rio se le denominará “Vega de Triana”, por conformar un suelo idóneo para el cultivo de regadío.

En época contemporánea se elevará el malecón de la calle Betis, se desecará la Cava para la urbanización de la Calle Pages del Corro y se elevará un muro de defensa para proteger el arrabal de las inundaciones, extendiéndose el poblamiento por la zona liberada entre ambas.

El río que separa Sevilla de Triana estaba lleno de actividad.

Existían ordenanzas para reglar dichas actividades como el transporte de personas o mercancías, e incluso ordenanzas para preservar las aguas de la contaminación y embellecer la ribera.

Una figura fundamental en las actividades del río era el barquero. En las proximidades de las puertas  que daban al río existían embarcaderos donde se podía encontrar transporte. Suponemos que el servicio más solicitado sería cruzar el río en dirección a Sevilla y viceversa, sobre todo en la época en que  no existía el puente de barcas.

Cuentan las crónicas que “al caer la noche los isbiliyíes menos observantes de los preceptos coránicos cruzaban el Kabir en barca hasta Madinat al Taryana, para visitar las tabernas cristianas donde se bebía el vino del Al Xaraf”.

En el año 1171 se construyó el puente de barcas que unió Sevilla y Triana y facilitó el paso al Aljarafe.

Se emplearon 36 días en construirlo y fue inagurado por el Califa Abu Yacub Yusuf con gran solemnidad.

La construcción del puente de barcas supone el punto de arranque de su crecimiento urbano.

Triana permanecerá en todo este tiempo fuera de las murallas de Sevilla y mantendrá su idiosincrasia aparte.

En el otoño de 1246, Fernando III el Santo inicia un largo asedio a la ciudad de Sevilla que se prolongará más de dos años. Triana jugó un papel importante en la defensa de la ciudad gracias a que su Castillo defendía el paso hacia el Aljarafe pudiéndose así abastecer la ciudad.

Ortís de Zúñiga lo recoge así en sus anales:

“Mas entre sangrientos lances se iba reconociendo que si no se quitaba a los moros la comunicación de Triana y el Alxarafe, sería casi imposible ganar a Sevilla, que intensamente socorrida por aquella parte, cada día se renovaba de fuerzas: era el remedio romper el puente fortísimo de Guadalquivir, y esto difícil mucho por su fortaleza y defensa”

Tras la conquista de Fernando III Triana, por su castillo, adquiere el título de guarda de Sevilla.

El barrio, hasta entonces contenido entre el Altozano y Plaza Cuba,  comienza a extenderse hacia el norte.

Los soldados castellanos se asentarán en la actual calle de Castilla, los leoneses en el Barrio de León.

El palacio al Zahir (Castillo de San Jorge) se convierte en fortaleza cristiana.

En 1481 este castillo será elegido como sede del Tribunal de la Inquisición, abandonado temporalmente en el 1626 por los destrozos de la riada y definitivamente en 1785.

Alfonso X manda construir la primer iglesia ex-novo de la ciudad, la Iglesia de Santa Ana, en acción de gracias por una curación milagrosa.

Se construye en un austero estilo cisterciense cuyo aspecto de fortaleza (hoy día suavizado por el enlucido alberado, las tallas cerámicas y el airoso campanario barroco) revela el clima de inseguridad de la época.

Triana marinera

Si bien la vecina Sevilla ha vivido durante siglos de espaldas al río, Triana siempre fue, ante todo, marinera; una actividad que ha conservado hasta la mitad de los años 60.

El 8 de agosto de 1492 parten las tres carabelas de Palos siendo Rodrigo de Triana el primero en avistar tierra.

Cuenta la leyenda que abjuró del cristianismo por escatimarle el Almirante la recompensa debida.

En Triana se reclutaron y formaron las tripulaciones para América y se aprovisionaron los barcos, como el de Magallanes y Elcano en 1519, Yendo Elcano y los suyos a orar a la Virgen de la Victoria, entonces en el convento de los Remedios.

En esta época, el barrio se dualiza. Al norte se hace industrial (talleres alfareros, almonas reales…) y al sur marinero. En la misma calle Betis se erigirá el edificio de la Escuela de Mareantes (hoy desaparecido y ocupado por la Casa de las Columnas), donde se impartirán clases de geografía, matemáticas, astronomía, para convertir a los duros pescadores del Guadalquvir en patronos de carabelas.

Durante las décadas iniciales de la colonización de América los pobladores sevillanos  destacan entre el resto, y dentro de este grupo, el trianero.  De hecho, en el Nuevo Mundo hay tres veces más topónimos que responden al nombre de Triana que al de Sevilla.

Triana: Arrabal mezcla de culturas

Tras la revuelta de las Alpujarras se procede a la dispersión de los moriscos por las principales ciudades españolas. En Sevilla se establecen varias morerías, la más numerosa de ellas en Triana.

Al mismo tiempo, la infiltración gitana que ha ido bajando por el Reino de Aragón y estableciéndose en Andalucía, se instala en el barrio al llegar a Sevilla. Estas gentes nómadas, con costumbres propias les hace ser sospechosos a los ojos de los vecinos por su desarraigo, nomadismo y su heterodoxia religiosa pese a confesarse cristianos. Están incluso en el punto de mira de los Tribunales de la Santa Inquisición. No obstante, su ir y venir hacía ineficaz cualquier medida tomada contra ellos.

Los Reyes Católicos en 1499 promulgan una norma por la que se les obliga en el plazo de dos meses a asentarse en un domicilio fijo, adoptar un oficio, y abandonar su forma de vestir y sus costumbres, so pena de expulsión o esclavitud.

De modo que hicieron de Triana su hogar que ocuparían hasta la segunda mitad del siglo XX.

Así, el arrabal de Sevilla, Triana, será un barrio donde la convivencia entre moriscos y gitanos, y la permanente inmigración y emigración de la gente del mar, acabará por configurar una personalidad propia en una época donde el único vinculo físico con la amurallada Sevilla será un simple puente de barcas, que no será eliminado hasta mediados del XIX.

El historiador y teólogo Juan de Marina, jesuita, hacia 1592 en su obra De rebus Hispaniae describió Triana como un arrabal de la cuidad de Sevilla.

” En lo postrero de España, hacia el poniente, está asentada Sevilla, cabeza de Andalucía, noble y rica cuidad entre las primeras de Europa, fuerte por las murallas, por las armas y gentes que tiene. Los edificios públicos y particulares, a manera de casas  reales ,son en gran número; la hermosura y arreo de los ciudadanos, muy grande. Entre la ciudad , que está a mano izquierda, y un arrabal llamado Triana, pasa el río Guadalquivir, acanalado con grandes reparos y de hondo bastante para naves  gruesas y por la misma razón, muy a propósito para la contratación y comercio de los mares, Océano y Mediterráneo. Con una puente de madera, fundada sobre barcas, se junta el arrabal con la ciudad y se pasa de una parte a otra. En la ciudad está la Casa Real, en que los antiguos reyes moraban; en el arrabal, un alcázar de obra muy firme que mira el nacimiento del sol…”

El terremoto de Lisboa

El primero de noviembre de 1755 por la mañana, mientras media España se encuentra en misa, se desencadena el formidable terremoto de Lisboa. Sevilla ve caer cientos de sus edificios y agrietarse otros muchos en los primeros instantes. Pero lo peor está por llegar, una gigantesca marea de varios metros de altura consecuencia del tsunami provocado por el terremoto arrasa la costa atlantica pensinsular, destruyendo ciudades como Huelva y Cadiz, y remontando Rio arriba hasta Sevilla.

La ciudad, protegida por sus murallas, queda a salvo, en Triana el agua barre los restos de las casas derrumbadas. Solo sobreviven el Altozano y la Iglesia de Santa Ana. El desastre dejará una fuerte impronta en la memoria popular hasta el punto de conservarse siglo y pico después en la letra de una mítica soleá:

“El dia del terremoto

llegó el agüita hasta arriba.

Pero no pudo llegar

a donde llegó mi fatiga”.

 Triana: Una identidad diferenciada

Desde finales del siglo XVIII a mediados del XX, supone un largo período de tiempo en el que la esplédida ciudad de Sevilla, acusa una prolongada  decadencia.

Pero es también el período en que el flamenco un fenomeno local, alcance el punto de inflexión hacia su estilización artística convirtiendose en universal.

Sevilla, y en especial Triana, se convertirán en el crisol donde los cantaores procendentes de distintos puntos del occidente andaluz eleven la interpretación de dichos cantes desde lo folclórico hasta lo culto.
En una ciudad encerrada sobre sí misma Triana manifiesta una personalidad joven y renovada que destaca en la expresión de sus fiestas más emblemáticas.

A finales del mes de Julio el barrio comienza a celebrar la Velá de Santiago y Santa Ana, en el que se van a popularizar las casetas de lonas rayadas que después pasarán a la Feria de Abril y a otras ferias andaluzas;

Mientras las hermandades de penitencia y la procesión del Corpus Christi realizan sus estaciones a la Catedral, en Triana se celebrarán tomando como epicentro la Parroquia de Santa Ana, la más antigua de la ciudad, la segunda en numero de feligreses tras la del Sagrario.

A partir de 1830, por decisión arzobispal, todas las hermandades de la capital deberán procesionar hacia la Catedral, lo que supondrá la unificación definitiva de la semana Santa sevillana, pero también el inicio de la rivalidad entre las hermandades señeras de los dos barrios más populosos de la ciudad: Triana y la Macarena.

En esta época, el puente sigue siendo de barcas, los lienzos de la vieja muralla sigue en pie, el grueso de la población trianera pertenece a las clases más bajas de la sociedad que habitan en corrales de vecinos, y dentro de ella la etnia gitana ocupa un papel muy marcado.

Dice una soleá:

“Tu sabes que yo te quiero,
pero en la calle de las Sierpes
yo me siento extranjero”

El estado de confrontación era tal entre ambas orillas que, en sus orígenes, la mayor parte de la afición del Sevilla F.C. residía en la ciudad, y la del Betis en el arrabal.

Desde 1940 a 1970 Sevilla, como el resto de España, se despereza tras el desastre de la guerra. Las viejas casas de vecinos, seña de indentidad del barrio se van demoliendo y sus habitantes emigran a los nuevos poligonos en las afueras de la ciudad y se crean nuevos barrios dando forma a la actual configuración urbanística.

El ser trianero se configura como un estado mental, una identidad propia que no se pierde, he aquí el sentido comentario de uno de ellos:

“Afortunadamente -aunque pocos trianeros quedan ya en el barrio-, el sentimiento del lugareño es profundo y aún se presume de haber nacido en el corral de La Parra, de La Hormiga, del Cura o de Montaño, en la calle Pureza, Fabié, Alfarería o Covadonga. No es arte mayor este del lugar exacto del nacimiento, pero también es arte, al menos, para los trianeros de cuatro cuarterones. Vuelven sus habitantes de los “polínganos” de la periferia en las grandes efemérides y, rara vez, no cruzan el puente una vez por semana para empaparse de los acontecimientos cotidianos del barrio. Triana pesa mucho en la estructura y tejido interno de la propia ciudad. Aniquilaron sus calles, corrales y casa de vecindad, sus formas de vivir y entenderse, pero jamás pudo la especulación y el destierro con su espíritu de pueblo conjunto…” 

Fuentes consultadas:

  • ORIGENES-DE-TRIANA (Macarena Martín Castillo)
  • http://www.celtiberia.net/
  • http://www.sevillainformacion.org/
  • http://desde-triana.blogspot.com.es/
  • http://sevillapedia.wikanda.es/wiki/Triana
  • http://desdemitorrecobalto.blogspot.com.es/

Fuente de las ilustraciones: Google

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