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Un paseo por el barrio de Triana y la Sevilla cervantina

Miguel de Cervantes fue uno de los más grandes escritores que ha tenido España. En vida, el escritor madrileño fue uno de los más viajados, bien por seguir a la Corte allá donde iba en busca de mecenas, bien por motivos personales o guiado por su instinto literario. Con Sevilla el escritor tuvo una relación muy especial, primero como estudiante, luego visitando a los suyos y por último residiendo durante diez años en el barrio de Triana. Hasta allí llegó en 1587 bajo el mandato de Felipe II para desempeñar el puesto de recaudador de impuestos y mercancías de la conocida como Armada Invencible. Su estancia en la ciudad y  le sirvió a Cervantes de inspiración para crear el telón de fondo de varias obras de sus Novelas Ejemplares, como Rinconete y Cortadillo o El Coloquio de los perros. También en su obra maestra El Quijote se hace referencia a Sevilla. Es por ello por lo que en toda la ciudad se han trazado diferentes itinerarios literarios y se han construido monumentos conmemorativos .

El barrio de Triana hace su aparición en Rinconete y Cortadillo. En ella, además de mencionarse por primera vez y de forma escrita el juego de la veintiuna, que se conoce en la actualidad como blackjack y que ya por aquel entonces presentaba similitudes estratégicas con otros juegos de casino que alcanzarían su popularidad años, incluso siglos, más tarde, como el póker o la ruleta; se presenta a la figura de Monipodio, vecino poco recomendable del barrio de Triana.

Las novelas de Cervantes son un fiel reflejo de cómo era la Sevilla de la época, cargadas de minuciosas descripciones y críticas de lo más refinadas. Este es el caso de Monipodio, que en primera instancia es presentado como un bonachón pero que tras una fachada de hombre incorruptible desempeñaba el cargo de organizador del crimen de la ciudad de Sevilla. Con ello, Cervantes quería mostrar una fuerte crítica hacia las clases nobles y pudientes de la ciudad que si bien de puertas para afuera querían desempeñar una faceta de rectitud intachable, en privado se convertían en auténticos malhechores sin escrúpulos, conciencia o ética.

Es precisamente en la casa de Monipodio donde se instaló el único azulejo conmemorativo de Triana de los que se repartieron por todos los lugares de Sevilla que aparecen en la obra del escritor. En concreto se sitúa en la esquina en la que confluyen la calle Betis con la calle Troya, lugar en el que se encontraba el literario patio de Monipodio. Además, la novela también sirve para conocer la gastronomía de la época y es que en ella se mencionan platos como las aceitunas del Aljarafe o el bacalao frito.

Además de Triana, en las Novelas Ejemplares también aparecen otras localizaciones de la ciudad como la Plaza del Salvador, la Plaza de San Francisco, la antigua Carnicería de la Alfalfa o la zona de la Cuesta del Rosario y Alcaicería. Las Gradas de la Catedral también aparecen como epicentro del comercio de la época en el que los pícaros cervantinos se reunían para programar sus actividades de dudosa reputación. Desde la calle Adriano, por su parte, se llega a otro barrio también mencionado en las obras de Cervantes: el barrio del Baratillo. Muy cerca de allí se encuentra la Cárcel Real, en la que el escritor pasó tres meses preso hacia el final de 1597. En la Plaza Virgen de los Reyes se encontraba antiguamente el Corral de los Olmos, presente en la obra El rufián dichoso. Por su parte, el monumento más emblemático de Sevilla, la Giralda, aparece en la obra culmen del escritor, El Quijote, después de que Cervantes se sorprendiese al conocer su proceso de construcción.

Sin duda, las obras del genio de las letras españolas presentan una vinculación inigualable con nuestra tierra y aún a día de hoy nos sirven como guía y documento histórico de cómo era la sociedad del siglo XVI.