Era mi destino

Comencé a escribir en dos fases; ambas por motivos laborales…

¿A quién de ustedes le pilló la crisis económica en el 2011? Me imagino que a todos,  al que más o al que menos, de diferentes formas y maneras nos rozó. Yo trabajaba en aquel entonces en banca y el estrés me convirtió en una muñeca rota. Estuve un tiempo de mi vida fuera de combate; una nebulosa envuelve aquel momento que hoy lo recuerdo llamándolo “Era mi destino”

Llegué a las letras a partir de unos minutos largos e imborrables cuando iba a trabajar y un par de “machos ibéricos” me atacaron; me recomendaron que, si me era imposible hablar de aquello, pues que cogiera una hoja de papel y volcara lo primero que se me pasara por la cabeza. Los primeros borratajos en forma de letra que surgieron de mis manos torpes eran los de una asesina en serie; mataba todo lo que se movía, daba igual que fuera una mosca o un camello…, pero encontré el camino para volver a casa, a ser yo.

La segunda fase de mis letras es mágica y romántica: comenzó y terminó delante de mi Esperanza de Triana… No trabajaba, tenía mucho tiempo libre y hablando un día con nuestra Madre le pedí, para no variar, “Madre, si me dieras una poca voluntad, me gustaría escribir una novela. Sé que suena a pretencioso pero por intentarlo, ¿no te parece, Madre?” Salí de la capilla, recuerdo que llovía muchísimo y que estuve deambulando por las callejuelas de Triana media mañana pero cuando volví al hotel a buscar a mi esposo le dije “Voy a escribir una novela ubicada en Sevilla” Me miró como las vacas al tren y esa mirada fue un desafío.

Catorce meses después estaba nuevamente delante de nuestra Madre para darle las gracias por la fuerza de voluntad que me había regalado, pero es que lo mágico llegó después… Estaba rezando cuando se acerca mi Pepe y me dice “Gordi, sal un momento a la calle”, el hombrecillo estaba pálido así que fui detrás de él y cuando llegamos a la puerta me indicó que mirara a la acera de enfrente. Abrí los ojos desmesuradamente, mi boca, como un buzón de correos.  Había un bar pintado de albero que se llamaba “La Quemá”. Crucé que casi me pilla una moto, entré y pregunté a bocajarro al primer camarero que encontré cuándo se había abierto ese bar… El mismo día que yo terminé la novela y es que el punto neurálgico de la trama se desarrollaba en una casa pintada de albero llamada “La Quemá”.

No me pregunten porque los asuntos de la fe son íntimos e intransferibles pero supe que nuestra Madre estaba en mis renglones; no me equivoqué.

Una vez, Fray Carlos Amigo, en los premios Semana Santa 2015, dijo “Sevilla es una historia, una manera de vivir, es una forma de decir, es un espíritu, una religiosidad, una familia, un azahar, una cera, un incienso, unas lágrimas que saben a miel… Ciudad de lecciones de fe profunda que me ha enseñado a querer las cosas pequeñas, la palabra suave, la lírica de mil músicas diferentes” Y así nacía Sevilla…Gymnopédies con todo mi amor y fe a quien me donó voluntad y Esperanza.

Comencé a escribir en dos fases; ambas por motivos laborales. La una y la otra muy traumatizantes. Nunca estuve sola, siempre permanecí acompañada de mi gente y la Esperanza de Triana.

 

 

 

MªÁngeles Cantalapiedra, escritora

#Sevilla…Gymnopédies #Mujeres descosidas #Al otro lado del tiempo