A ronear con la Reina de Triana

Esperanza de Triana

No sé cómo serán los esposos de las señoras de Triana; el mío, mu sieso. Vamos, gafe desde que amanece hasta que se desintegra por la noche. Su afición a poner puertas al campo me pone mala y trato de huir de él, pero siempre acaba encontrándome; es leal a mi persona… A mí, que me gusta ver las cosas buenas de la vida, él se empecina en deletrearme todo lo malo que acontece y, de eso, como bien saben ustedes, hay mucho y en abundancia y, como lo sé, yo rebusco lo bueno y siempre, siempre, lo acabo encontrando…

Recuerdo el primer jueves Santo que pasé en Sevilla. Casi no había amanecido, no se veía aún de qué color era el cielo, cuando va y me dice “Gordi, hoy tu Esperanza no sale”, yo, para no despertarme maldiciendo, me tapé la cabeza con las sábanas y no oírle; inútil, su lengua me lo repitió un sinfín de veces hasta quedarse múa por falta de saliva… No llovía y me compró un paraguas y lo acepté para que se callara un rato. El cielo, para que nos centremos, estaba zaíno del , pero yo soy de las que creen en los milagros y si hacía falta ponía a las nubes una faja de esas que nos ponemos las mujeres para recoger nuestras carnes; ni con faja. Comenzó a llover como si no hubiera un mañana… Mi Pepe me miraba tan contento porque me había comprado un paraguas como una plaza de toros de grande, no entraban ni las balas. ¡La de veces que pedí perdón!, en cada iglesia que entrábamos, por las pestes que lanzaba mi pensamiento, no yo, que cada vez me iba arrugando más con la ilusión que albergaba mi ánimo de ver a mi Esperanza salir, si hasta había pensado en qué lugar me iba a poner para que Ella me viera bien…, y mi Pepe, venga que te pego a recordarme que esa noche nos íbamos pronto a la cama “Gordi, ¿pero no lo ves? Mira al cielo” y yo le contestaba “Qué voy a mirar, Pepe, si ya es de noche. Lo que se ve es negro, normal” y él, venga, “El cielo sevillano tiene una luz especial y hoy está como en todas partes”, sentenciaba.

¿Saben lo qué hice? Le mandé al hotel para que no se mojara más. ¡Qué alivio, porrrr dios! Y me fui a Triana tan feliz…, debajo del paraguas, claro. Gente poca encontré, es cierto, porque aquello no era llover sino jarrear. Me compré un bocata de jamó en Las Columnas, y tranquilamente me fui cantando bajo la lluvia hasta Pureza a esperar. Mientras, me entretuve en mi hobby favorito: observar, empaparme del aire ambiental que me traía como ráfagas de viento la gente, pero gente de Triana, eh, la noche no estaba para los turistas que estarían calentitos y secos en sus hoteles; mejor qué mejor, lo que respiraba mi persona era trianero puro. Y a una hora imprecisa oigo decir  “Puede que deje de llover” Me vuelvo y era miiiii Pepe… Ya les cuento, ni con agua caliente me libro de él.

Recuerdo que la furia de la lluvia amainó y la calle se llenó de bulla hasta convertirnos todos en sardinillas en lata y el ánimo cada vez más en alza porque… dejó de llover.

¿Vi salir a nuestra Madre? Sí y no. Me explico. La emoción me desbordó. Quería beberme esos instantes a borbotones, sellar aquellos momentos en la memoria para que nunca jamás se me olvidaran, que sentí como si estuviera subida en un afeite de incienso y azahar donde las velas parpadeaban como si fueran infinitas estrellas… Y luego aquella mujer, apostada a mi lado, que rezaba y lloraba en silencio mientras sus ojos imploraban a esa Madre que salía tras de su hijo, y una voz salpicada de hechizo gritaba “Ya tenéis sueños para todo el año”…, que mis lágrimas resbalaron emocionadas para que la fe de esa mujer que estaba a mi lado dormitara en mi corazón para siempre.

Es como si el corazón se te parara y quedara suspendido de un instante maravilloso bebiendo la fe de otros y que ya es tuya…

Y va y me dice “¡Hala! A la cama ya has visto a tu Esperanza”… Me paré en seco, le taladré con la mirada y le contesté “Esto acaba de empezar. Vete tú, Pepe, que ere mu sieso, mi arma

 

MªÁngeles Cantalapiedra, escritora

#Sevilla…Gymnopédies #Mujeres descosidas #Al otro lado del tiempo

Foto de Manueljrrechi