AIRE FRESCO POR SEVILLANAS

Mi querida Triana…

No sé ni qué decirte porque mis condiciones anímicas están bastante perjudicadas. No sé si voy, o si vengo o me he de quedar quieta en el tejado expectante en ese “A ver qué pasa” … Esto que quede entre tú y yo, ¿vale? Me hallo más cencerro que lo que habitualmente estoy, vamos, como suelen decir, más sonada que las maracas del difunto Machín.

Ante el abismo y la incertidumbre que nos asola a todos, cada día lo primero que intento hacer es mirar el calendario pues he perdido el ritmo del tiempo, es más, cuando lo sé, me pregunto si eso me sirve para algo, llego a la conclusión de que no, a no ser por el suave perfume que me ofrece la luz. Sí, según los días avanzan, estos se alargan regalándonos una claridad que se agradece porque la oscuridad nos encoje en muchos aspectos. Mis horas favoritas son la inocencia del amanecer y el esponjoso atardecer, esa frontera de colores que te inunda de bienestar y belleza.

Y, ante el no saber qué futuro nos espera, me rodeo de imágenes bonitas que edulcoren un poco este desconcierto de no saber, o conocer demasiado. Ayer, mi Triana bonita saqué toda mi artillería pesada, he hice un simulacro de Feria de abril con recuerdos recortados de mi memoria y, como banda sonora, puse esas sevillanas cuyas letras son más sabias que cualquiera de nosotros:

“Algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Cuando un amigo se va algo se muere en el alma cuando un amigo se va algo se muere en el alma Cuando un amigo se va y va dejando una huella que no puede borrar y va dejando una huella que no se puede borrar No te vayas todavía, no te vayas por favor no te vayas todavía que hasta la guitarra mía llora cuando dice adiós. Un pañuelo de silencia la hora de partir. A la hora de partir. un pañuelo de silencio a la hora de partir. Un pañuelo de silencio a la hora de partir” …

Me sabe tan bien mi pescaíto frito imaginario, Triana, como esa imagen que hoy van a vivir las calles de Triana cuando se inunden de alegría infantil, esa algarabía inocente que solo los niños poseen al descubrir a la vida. Si a eso, sumamos unas sevillanas, un soplo de aire fresco hará que sigamos resistiendo desde una azotea encapotada de Estrellas y Esperanza.

Ángeles Cantalapiedra, escritora

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