BAILAR LAS PENAS

Carmina se sorbe los mocos, ha estado llorando porque llora por todo, pero en esta ocasión se ha mezclado la cebolla con la llamada de su hermana Lola. Trabaja en un centro de salud en atención primaria de Triana. Ya le dice Carmina que no se queje, tiene trabajo y va andando a él, ¿qué más quiere? Pero Lola le cuenta que está estresá, que no puede más. Cualquier día los pacientes se la revelan y se arma la de Dios es Cristo “Paciencia, Lola, mucha paciencia. Nadie nos dijo que esto iba a ser fácil, nadie te vendió la moto, así que a callar, tragar y tirar palante” … Carmina sigue pelando patatas mientras sostiene el móvil entre la oreja y el hombro y escucha la retahíla de quejas de su hermana. Es una malcriada, eso es lo que es la Lola, piensa Carmina mientras las lágrimas cebolleras caen sobre la sartén, “Ma jugosa sale hoy la tortilla”, se dice entretanto recuerda que se criaron sin madre, ¿por qué? “Secreto de estao, niña y no preguntes ma”, soltaba revenío su padre cada vez que sus dos hijas preguntaban por qué todos los niños trianeros tenían padre y madre y ellas no. El caso es que Carmina salió trabajadora y Lola, holgazana y esta estudió, se comió los libros y se hizo Auxiliar de Enfermería y Carmina, fregona, cocinera y soltera. Todo el día, metida en el bar entre fogones y aguantando a borrachos, pues olía a ajo, calabacín, bacalao y berenjena…, a papas, no, estas no huelen. Así, ¿quién se iba a fijar en ella?, ¿el tarado del acólito de don Damián, párroco de la O? Si mientras bebía rezaba el rosario. El que sí le tiró los tejos fue el viudo Jeremías, pero, ¿qué hacía ella con uno de setenta y cinco años, guarro como él solo?

Suspira, apremia a su hermana a que termine pues la toca desinfectar el bar antes de subir la trampa.

  • Sesenta llamadas en cola, Carmina y cuando descuelgo, hago las preguntas de siempre desde hace cinco meses, “¿Tienes fiebre? ¿Dolor estomacal? ¿Vómitos?” … Pobre gente, Carmina, “La pandemia ha añadido un serio problema de accesibilidad al Sistema de Salud Público que tiene a muchos ciudadanos sin poder ser atendidos en tiempo razonable y de una forma acorde a sus necesidades desde el inicio del estado de alarma”, ¿no lo entiendes? Un día se van a amotinar y con razón y nos dan una manta palos a todos.
  • Y, ¿qué quieres que haga yo? Ahora mismo te cambio el trabajo. Tú no sabes lo que es pelear con el ayuntamiento, no me han dejado sacar terraza, no me dejan meter más de a cinco dentro. He tenido que habilitar el patio pa que el aforo me permita llegar a fin de mes. A las doce me obligan a cerrar, tengo que hacer frente a las denuncias de los vecinos que se quejan por to. Y no te cuento ser arbitro de peleas y bailar las penas ajenas… Menudo momio me dejó padre-Carmina se rasca la cabeza y llora quejumbrosa, se acaba de dar cuenta que siente lástima de sí misma. En ese momento llaman a la puerta del bar- te dejo, Lola, llaman y no sé quién es. Como sea otro policía tocahuevos le mando a tomar vientos, ¡Adiós, Lola!

Cuelga y va a levantar la trampa, y pone los brazos en jarras; lo que se temía, el poli de turno y ella sin mascarilla. Le hace una seña con la mano, se va corre que te corre al baño, se medio lava, se recoge el pelo en un moñete torero, se pone la mascarilla y va abrir la puerta del bar.

  • ¿Qué pasa? -Carmina va directa al grano, está de la policía de Triana a más arriba de la peineta.
  • ¿Puedo pasar?, ¿es usted María del Carmen García Pérez?
  • La misma, pero el bar está cerrado, aún no es la hora- Carmina marcando territorio, más seca que la mojama.
  • ¿No me deja pasar? -anda que no es pesado el policía, piensa Carmina.
  • Ande, pase, pero rapidito, tengo que limpiar y abrir el negocio-le mira fijamente, parece que debajo de la mascarilla hay una sonrisa policial; se relaja.
  • Soy del distrito centro, no estoy destinado en Triana, vengo a título personal- Carmina le mira más intrigada aún y es cuando se da cuenta que lleva en el brazo un ramo de rosas-… Soy hijo de Jeremías-Carmina abre de par en par los ojos y se pregunta “¿Cómo un viejo tan guarro y feo podía tener un hijo así de bien puesto?” Le mira de arriba abajo con todo el descaro, ni se acuerda cuando ha mirado a un hombre-… Mi padre se ha muerto hace tres días, de repente, y en la mesilla de su cama había un sobre cerrado. Eran sus últimas voluntades-el policía enmudece, aunque sigue mirándola de frente, sus pestañas se la antojan a Carmina dos cascabeles-… Pedía que la trajera un ramo de rosas y que le dijera que en toda Sevilla no hay una tortilla de bacalao como la suya- Carmina se queda muda, contiene la risa, y piensa que las feministas no podrían decir nada ante este piropo…

Ha pasado un mes desde la declaración amorosa de la tortilla de bacalao. El Covid sigue su trayectoria imparable, su hermana Lola, al borde de un ataque de nervios, y Carmina sigue bailando las penas en un bar de Triana a su clientela, pero más que nunca sabe hablar con la mirada y la expresión y, cuando las campanas de Santa Ana dan las diez, a Carmina se la escapa la sonrisa de la mascarilla pues ve entrar por la puerta al hijo de Jeremías.

¡Feliz semana mis trianeros!

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla…Gymnopédies ©Un lugar al que llegar