Y en San Jacinto nos detenemos en la Casa de los Mensaque y en la Capilla de la Estrella

callejeos, Casa de los Mensaque. Sede del Distrito

Estábamos en el número 33 de la calle San Jacinto: La Casa de los Mensaque, actualmente sede de la tenencia de Alcaldía del Distrito Triana del Ayuntamiento de Sevilla.

Se trata de un edificio mandado construir en el año 1900 por Miguel Mensaque Colmenero.

El día primero de noviembre de 1891 don Antonio López y Pérez, Presbítero, Cura y Beneficiado propio de la Iglesia Parroquial de Señora Santa Ana de Triana casó a don Miguel Mensaque Colmenero, de 36 años, con doña María de los Dolores Mensaque Vera, de 25 años de edad, habiéndoseles dispensado, en virtud de Letras Apostólicas de 10 de septiembre del mismo año, el parentesco de segundo grado de consanguinidad con que se encontraban ligados ambos contrayentes. Fueron testigos del desposorio los hermanos de la novia don José y don Enrique Mensaque Vera.

De esta forma quedaron recogidos en el libro de matrimonios de la parroquia de Santa Ana del año 1891 los esponsales que a la larga darían a la luz esta casa que ahora tenéis delante.

Ambos eran primos hermanos y ambos nietos de Nicolás Mensaque Díaz, la segunda generación de Mensaques ceramistas. Por eso esta casa atesora en su interior la mejor azulejería de su época.

En 1900 la empresa de los Mensaque se llamaba Fábrica José Mensaque, Hermano y Cía, también denominada Mensaque y Soto y estaba formada por José y Enrique Mensaque Vera y Fernando Soto González.

Entre los tres habían querido desafiar el poderío de la fábrica de La Cartuja y su loza inglesa recuperando el estilo sevillano y nazarí propio de Triana. Y así los hermanos Mensaque pusieron el capital y Fernando Soto, hijo de un ceramista de reputación apellidado Soto y Tello, su saber artístico y técnico, aportando incluso el secreto del reflejo dorado que tanto les caracterizó.

Y así Miguel Mensaque Colmenero solicitó a la empresa de sus primos y cuñados la decoración de su casa, quienes contaron para ello con Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela, no teniendo escrúpulos en contratarlo para su empresa a pesar de ser un trabajador de su competencia en la fábrica de La Cartuja.

Y así entre Fernando Soto y Manuel Rodríguez dejaron para la posteridad en el zaguán, el patio principal, el comedor bajo, la escalera y el comedor alto de la Casa de los Mensaque verdaderas obras de arte que debéis visitar si os es posible. En 1988 la casa pasó a ser propiedad del ayuntamiento de Sevilla, restaurándola para uso administrativo.

Ahora dejad atrás la sede del Distrito Triana y seguid andando los últimos pasos de estos Callejeos, porque solo queda que lleguéis al número 41 de la calle San Jacinto y os detengáis delante de la Capilla de la Virgen de la Estrella:

Caricia virginal, Estrella airosa,

Diamante puro y limpio de Triana (…)

como le llamaría en su libro Los Gozos y los Júbilos el poeta Manuel Lozano.

Su capilla fue bendecida el Sábado de Pasión de 1976, erigida en la que fuera su casa-hermandad desde hacía catorce años. Al día siguiente, el Domingo de Ramos de esa Semana Santa, la cofradía salió hacia la catedral por última vez  desde la iglesia de San Jacinto, donde tenían su sede canónica desde hacía ciento cuarenta y un años, y a la vuelta de su estación de penitencia entró por primera vez en esta capilla que ahora tenéis delante.

Capilla de la Estrella

Fueron los cargadores y carenadores de los barcos de la Carrera de Indias los que fundaron en 1560 una hermandad bajo el amparo de la Virgen de la Estrella, una advocación ya venerada por los cristianos de la antigüedad, que llamaban a la Virgen Stella Maris o Estrella del Mar. Incluso los hebreos nombraban al Mesías como Hijo de la Estrella, siendo un fresco aparecido de las catacumbas de Domitila de Roma, fechado a finales del siglo II d.C., la primera representación conocida de una Virgen entronizada con una estrella a la derecha.

San Bernardo hizo alusión a esta advocación en su Comentarios sobre Lucas:

(…) así como la estrella despide un rayo de luz sin corrupción de sí misma, así, sin lesión suya dio a luz al Hijo de Dios… “María es pues la libre Estrella que se levantó de Jacob, cuya luz se difunde por todo el orbe”.

Y como la mayoría de estos cargadores vivían en Triana fundaron su hermandad en el Convento de la Victoria de los frailes Mínimos de San Francisco de Paula, levantado en el viejo barrio de marineros de San Sebastián, ubicado al final de la actual calle Pagés del Corro, cerca del convento de Los Remedios.

En 1675 se les unió la cofradía del Santo Cristo de las Penas, fundada a mediados del siglo XVII en la ermita de la Candelaria, erigida donde ahora se levanta la iglesia de San Jacinto. Ambas hermandades formaron desde entonces una única con el título de Nuestra Señora de la Estrella, Santo Cristo de las Penas, Triunfo del Santo Lignum Crucis y San Francisco de Paula, la conocida actualmente como Hermandad de la Estrella.

Durante mucho tiempo hizo estación de penitencia con tres pasos a la iglesia de Santa Ana, acompañando al Señor de las Penas y a la Santísima Virgen una Cruz Verde sobre la bola del mundo.

Pero la llegada de la invasión francesa en el terrible año de 1809 acabó con una época de esplendor de la hermandad. Con los frailes expulsados del convento de la Victoria y la capilla propia destruida, la hermandad estuvo a punto de extinguirse, trasladándose en 1835 en un intento por sobrevivir al convento de San Jacinto, y aunque abandonado por los padres dominicos, encontraron en él una capilla donde poder establecerse.

Pasarían muchos años de inactividad en ese aciago siglo XIX hasta que, reparado el templo de San Jacinto y abierto de nuevo al culto en 1878, logra resurgir la antigua devoción a los titulares de la Hermandad de la Estrella, consiguiendo salir de nuevo en estación de penitencia en la Semana Santa de 1891. Desde entonces sus titulares aglutinan la devoción de esta parte de Triana.

Entrad si la capilla está abierta y contemplad a Nuestro Padre Jesús de las Penas, tallado por José de Arce en 1655.

En la çiudad de Seuilla Año de mill y feisçientos y cincuenta y çinco; gouernando la silla Apoftolica nueftro muy Santo Padre Alexandro feptimo defte nombre, y afimismo, Reynando en efpaña nueftro catholico Monarcha Philipo quarto de efte nombre; hizo efte Sancritsimo Chrifto d las penas, Joseph de Arze, de nación Flamenco para una cofradía del título de las penas de Chrifto nueftro Señor, y triunpho de la Cruz, que Ia fundo en Triana Diego Granado y Mosquera el año de 1644.

Así dice el documento encontrado en el interior de su peana durante la restauración que se le hizo en el año 1997. Fue leído con endoscopio por uno de los restauradores, don Joaquín Cruz Solís, y está recogido en la página web de la Hermandad.

El imaginero representó a Cristo sentado sobre una piedra en el momento anterior a la crucifixión, y aunque se trata de una iconografía procedente de los Países Bajos y Alemania, donde solía mostrarse a Cristo con la cabeza apoyada en una mano, José de Arce alteró su postura tallando a Jesús de las Penas con las manos entrelazadas en actitud orante, como se solía hacer en el barroco para mover a la piedad aún más si cabe.

Y desde luego contemplad a María Santísima de la Estrella,

¿Quién aromó de nardo tu belleza

con la sangre más limpia de Triana?

¿Quién doró tu dolor, quién hizo humana

esa pálida piel, esa tristeza?

 

¿Quién al sol de la tarde, fortaleza

de nácar vivo, de inocencia llana,

en la mejilla niña y luz de grana

de tu boca, bordó tanta pureza?

 

¿Quién por la gloria azul de la corriente,

enjoyada de amor, tierna Doncella,

es del aire la más serena fuente?

 

          El río, el cielo, el barrio, todo es Ella

        alabastro de Gracia reluciente,

Madre Divina, Virgen de la Estrella.

De esta forma tan sublime le escribió Juan Sierra, quedando para la posteridad como uno de los sonetos más bellos dedicado a una dolorosa de Sevilla.

La Estrella es una talla realizada en madera de ciprés, hecha tras la fusión de las dos hermandades primitivas, y atribuida a Luisa Ignacia Roldán, la Roldana. Pero sobre todo se trata de una devoción muy especial, arraigada con el paso de los años en este trocito de Triana.

Fue llamada la Estrella Valiente tras su salida procesional el año 1932, cuando fue la única cofradía que se atrevió a ir a la Catedral, sufriendo el Cristo una pedrada en la espalda e incluso la Virgen unos disparos que le agujerearon el manto, ya cerca de la Puerta de San Miguel de la Catedral.

En la fachada de su capilla se colocó en el año 2007 un panel de azulejos dedicado:

A quienes trabajaron el barro a lo largo

de los siglos en esta orilla del río y

mezclaron la tierra de la Vega de Triana

con el agua del antiguo Betis, y cuyas

vasijas y azulejos transportados a

otras tierras, sirven hasta hoy, de

testimonio de nuestra cultura y carácter.

 

Es decir a los alfareros de Triana.

Fijaos en el retablo cerámico de Nuestro Padre Jesús de las Penas colocado en la casa vecina a la capilla. Es obra del ceramista Emilio Sánchez Palacios y fue donado por los hermanos costaleros del paso de Cristo. Se bendijo al regreso de La Estrella en su procesión extraordinaria de junio de 2010 conmemorativa de su 450 aniversario fundacional.

Si la hora es propicia, terminad estos Callejeos descansando en la terraza de la Cervecería La Grande, tomando unas cervezas acompañadas de sus correspondientes gambas, como es costumbre, y disfrutad del ambiente festivo que a la hora del tapeo este tramo de la calle San Jacinto suele tener.

Sabed que queda mucha Triana por conocer, pero lo haremos en la segunda parte de estos Callejeos por Triana.

José Javier Ruiz, del  libro Callejeos por Triana

Fin de este tomo. Y aquí acaban esta primera parte de Callejeos por Triana

— Más Callejeos por Triana 

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Presentación Callejeos por Triana. Segunda parte

Cubierta de Callejeos por Triana. Segunda parte.

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