Cementerio en el tiempo del cólera…

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Triana, 1833.

Nueva epidemia de cólera en Sevilla con importante foco en Triana. El 9 de septiembre se agrava la enfermedad en el barrio que queda aislado por orden de la autoridad. Los trianeros, tan castigados, se rebelaron contra este aislamiento hasta el punto de que para situar el edicto de incomunicación en la embocadura del puente fue necesaria la presencia de un batallón de voluntarios realistas y cincuenta escopeteros «que se impusieron a la turba sediciosa» (¡pobre turba…!).

Aumentó la epidemia y disminuyó la asistencia médica por el fallecimiento de algunos galenos y la negativa de otros a pasar el puente; «a bayoneta hubo que conducir a los señalados por la autoridad». Llegó lo peor para la gente de Triana, religiosos incluidos y, después de varias semanas de infierno, pasó la guadaña ahíta de vida.

Con esta perspectiva había que tomar como consuelo la inauguración del cementerio municipal de Triana (con tanto muertos «se lo merecía»). Y, puesto bajo la advocación de San José, se abrió el 1 de abril en terrenos de la Cartuja. Al menos los muertos estarían bien enterrados.

Ángel Vela Nieto

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