Cien toreros de Triana: “La Fragosa”

“La Fragosa”, primera mujer torera vinculada a Triana.

Le decían “La Fragosa”, se llamaba Dolores Sánchez Fernández, hija de vendedores ambulantes, y en el periódico “El Día” del 22 de junio de 1886 se cuenta que nació en Triana en 1866, en el 24 de la calle Larga de Santa Ana (Pureza). Luego por los padrones nos enteramos que su cuna estuvo en Guillena, pero de niña ya vivía en el arrabal trianero.

Fue la primera mujer torera que vistió de luces y que tuvo cuadrilla de hombres. Todo un carácter y una sorpresa cuando hemos seguido su rastro, porque también era artista de cafés cantantes.

Se casó con el torero sevillano, Antonio Escobar “El Boto”, y estuvo en activo cinco o seis temporadas. Y lo que tuvo que soportar la pobre con el machismo de los cronistas de la época…

 

La figura de “La Fragosa”, primera mujer torera vinculada a Triana, y hablamos de la segunda mitad del siglo XIX, merece alguna referencia más.

Mostramos uno de aquellos ataques que tuvo que sufrir por el hecho de ser mujer en lo que se consideraba un mundo de hombres (muy hombres)…

“En vez de dedicarse a planchadora/ o hacerse lavandera,/ se dedicó al toreo esta señora/ si, al fin, se hizo torera./ Cada cual tiene un gusto diferente/ y así vamos tirando:/ pero yo lo que opino, francamente,/ es que estaría mejor, Lola, fregando”.

 

El maestro Manolo Barrios, prolífico y sabio escritor sevillano, recuerda la campaña contra las damas toreras y el peligro de sus redondeces carnales “porque -refiere con humor- se atenta contra el decoro en los azares de rodar por los suelos y el tener que saltar la barrera, puesto que los que la reciben en el callejón aprovechan la coyuntura, examinando las partes de su cuerpo donde creen que ha podido recibir el daño”. Y el maestro Barrios remata con donaire… “Hay cosas que yo no sé cómo pueden caber en un traje de torero”.

(Comentario sobre la amplia reseña que le dedicamos en “Cien toreros de Triana”).

 

 

 

La “Fragosa” era una torera poderosa, con mucha valentía y arrojo, lo que no era incompatible con belleza  y porte, lo que hizo que muchos críticos taurinos estuvieran más pendientes de esto último y sus relaciones que de su verdadera dimensión taurina.


Ángel Vela Nieto  y A la sombra de la torre

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