De Estrellas y Penas

He soñado que paseaba por Triana.

He soñado que paseaba por Triana. Era una mañana de soles menudos, de esos que te invitan a parar en cualquier esquina y que un rayo de sol te rocíe con su calor, con su suave textura de bienestar. Emprendía la marcha saboreando  el sonido de mis plantas sobre el adoquín, un racheo de esos que tantas veces hemos escuchado  en el vestíbulo de una Semana Santa cualquiera y luego en ella. Un gotear de sudor acompasado de ese esfuerzo de fe que dedica cada cofrade a su Virgen, y a su Cristo.

He soñado que paseaba por Triana y mis ojos se fundían en colores de albero al llegar a Santa Ana, y me arrodillaba en la Estrella a iniciar una plegaria que nunca acabo porque me pierdo en sus chicas paredes blancas de aromas encontrados a pétalos de rosa, mientras un Cristo me cura las Penas. Entraba como esas almas perdidas cuyos pasos, hartos de tanta alcantarilla, necesitan una Estrella que los hagan valientes, como aquella primavera lejana de un año 1932, cruzando su puente de Triana a Sevilla, las Penas y su Estrella, acicalados de valentía, llegaron a su meta, que ni un disparo ni pedrada, pudieron romper la fe de llenar un cielo de Estrellas.

He soñado que paseaba por Triana, que iba de aquí para allá con mi Esperanza siempre a cuestas para no perder mi norte desnortado. De Pelay Correa a  Rodrigo de Triana, y en San Jacinto, parada y fonda. Una cerveza para aplacar mi garganta trémula. Un trasiego de trianeros, chicos y grandes, para colmar mis nostalgias. Un perfume del vendedor de incienso para rebosar mis ausencias. Después, me pierdo en la bulla, no sin antes sentir que una Estrella ha serenado las Penas que cuelgan de un corazón errante.

He soñado que paseaba por Triana un domingo cualquiera. Mis pasos iban y venían meciendo quereres y en una calle, ¿qué calle era? ¡Ah, sí! Pagés del Corro, escuché risas y jarana y allá que fui. Amigos y familia, novios y hermanos, hijos y nietos, disfrutaban de una mañana dominguera al son de un tiempo sin ritmo. Me aposté a observar, a beber un instante de oro hasta que, entre vasos de cerveza, vi una copa rubia de líquido amarillo fulgurante y me dije “Estás soñado”, mientras mis ojos leían en un toldillo verde de letras blancas “Bodeguita Albero”… Entré, y entre lonchas chiquitas rezumando a jamó, estaba mi tierra de verdejos y denominación de origen Rueda… “Póngame un Flor y Nata” Escuché a mi voz rebosante de algarabía por tener en mi Triana un pedacito de mi tierra castellana.

Ayer soñé que paseaba por Triana colgada de una Estrella mientras un sol meloso acariciaba mis Penas.

 

MªÁngeles Cantalapiedra, escritora

#Sevilla…Gymnopédies #Mujeres descosidas #Al otro lado del tiempo

 


foto: Jesús Daza