Diccionario trianero_30 (Aparcamientos, Aracena)

Diccionario trianero, publicado en parte durante los años finales de los ochenta en la revista “Triana”

Aparcamientos.-  Poco espacio existe en el casco antiguo del barrio parael necesario reposo de los innumerables automóviles que se han convertido en prótesis metálica y ambulante del hombre. En las calles San Jacinto, Betis, Pureza, Pagés del Corro y Castilla, se mantienen márgenes de aparcamiento que a pesar de afearlas y hacerlas intransitables resultan insuficientes para solucionar tan acuciante problema. Las demás arterias antiguas, por su angostura, no son aptas -gracias a Dios- para tal cometido.Los modernos sistemas de estacionamiento limitado, aceras de Pagés del Corro, tramo de la antigua Cava de los gitanos, San Jacinto y Castilla, están jalonadas de máquinas expendedoras de tikets, poco ayudaron a descongestionar el tráfico de las principales vías.

Las nuevas urbanizaciones agravaron la situación y sólo la profusión de aparcamientos subterráneos aliviaría los males de esta peligrosa plaga moderna que se apropió de los lugares de encuentro y solaz del vecindario convirtiéndolos en el más cierto infierno urbano.

Aracena (calle).- Aunque cueste creerlo existen dos calles con este nombre en Triana. La calle Aracena que hoy figura en las guías es de moderna existencia y está situada en la prolongación de la Avenida de Santa Cecilia. Pero aún existe la vieja Aracena de la barriada del Patrocinio, casi derruída como todo su entorno, donde habitan familias que desde hace varios años sufren la anómala repetición.

La triste y caduca Aracena que enlazaba, antes de ser seccionada, las calles Castilla y Peña de los Ángeles , fue un recorrido terrizo, paso de tejareros y arrieros camino de los Cortijillos de Pickman o del más cercano tejar de Cirilo (San José) al que se penetraba por esta vía y que hay que encuadrar entre las industrias punteras del gremio, por su ancho mantillo, su montaña de barrio, sus hornos incesantes y su maestro alfarero, veterano profesional llegado de la cantarera tierra de Lebrija cuando Triana producía la mayor parte de los materiales demandados por las obras de la Exposición Iberoamericana: su nombre Ángel Vela Jiménez.

La calle Aracena del Patocinio se formó en la frontera de este siglo, cuando se fueron levantando sus casas de variados conceptos de habitabilidad dentro del marcado carácter popular de toda la zona.

Continuará

Ángel Vela Nieto




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