El altozano… donde el sol se para en Triana

Altozano, Triana,

Por: Carlos Valera

Si de algo estoy seguro, es que algún día me encontraré con los duendes de esta orilla. Porque desde que amanece las palomas buscan las altas espadañas, los vencejos el acantilado de sus pretiles únicos, los jilgueros con su ripio eterno buscan  la sombra del geranio y la luz busca grietas cómplices para eternizar su cerámica.

Porque el alma alfarera y ceramista  de Triana, se recoge en esta Placita universal, el sentir de un pueblo que se expresa con blancos y azules de cielo, de Bartolomé Esteban Murillo.

Altozano, francisco Arcas Lucena

Empieza con una cerámica dedicada a D. Francisco Arcas Lucena, alcalde entregado y con una visión de futuro que nos deja como legado entre otros, sus gestiones para conseguir que no se perdiesen edificios emblemáticos de esta orilla, Casa de las Columnas, Hotel Triana, Casa de los Mensaques y muchísimas otras obras menores reconquistadas por este D. Pelayo de  gorrilla revolucionaria tan amantes de las tradiciones de su barrio universal, seguimos con otra de D. Francisco de Ariño, que  en honor a su memoria en este lugar del Altozano, frente al Castillo de la Inquisición escribió sus Sucesos, primeros anales de Triana que recogen curiosos hechos y casos de la vida cotidiana del arrabal de finales del s. XVI y principios del XVII.

Altozano, azulejo, Francisco de Ariño

Seguimos y nos encontramos con otra en este caso dedicada a D. Andrés Martínez de León os voy a explicar quién era este personaje que no nació en Triana sino que la cigüeña los trajo en la orilla ribereña de Coria del rio.

Andrés Martínez de Leon fue un pintor e ilustrador español.

Altozano, azulejo, Ándrés Martínez de León, Triana

Siendo joven se matricula en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla.  Allá en los primero años del siglo XX, trabaja como ilustrador ceramista en Triana. En 1915 publica su primera ilustración, en la revista Sevilla y sus fiestas de primavera, donde repetiría al año siguiente.

A partir de 1918 comienza a colaborar en la prensa nacional y local. Es en El Noticiero Sevillano, donde publica por primera vez su popular viñeta del personaje satírico de Oselito.

El ilustrador, muy aficionado a los toros, crea “Oselito” como una caricatura humorística de Joselito El Gallo, fallecido por aquellas fechas. Lo representa con sombrero de ala ancha, pajarita, chaquetilla corta clara, pantalón negro, y con la mano izquierda generalmente en el bolsillo.

En la década de los veinte, publica en El Debate, Heraldo de Madrid, Semana Gráfica y Blanco y Negro. También siguió colaborando en todos los periódicos sevillanos de la época, La Unión, El Correo de Andalucía, y El Liberal de Sevilla. Desde 1922 trabaja permanentemente para el periódico madrileño El Sol, con una serie de viñetas diarias, ambientadas en escenas típicas sevillanas. En 1931 se traslada a Madrid, donde continúa colaborando en El Sol. A partir de 1933 se traslada a La Voz y a El Liberal de Madrid. En 1935 viajó a Moscú para asistir, por encargo de La Voz, al XVIII aniversario de la Revolución rusa. Fruto del viaje fue “Oselito en Rusia”,

Os prometo que mañana seguiremos por cada rincón de esta Plaza…

La Placita del altozano…

Tiene la media perfecta,

Para que pase una Reina

El Domingo de Ramos.

Es una sinfonía perfecta

De cielo azul sevillano,

Teñido por esa brisa

De un castillo abandonado.

Tiene ecos de suplicios,

De eternos angustiados,

Por esa santa inquisición

De un pueblo equivocado.

Tiene un árbol solo…

Refugio de caminantes,

Que buscan sombras… en sus cuerpos

Con un rio por delante.

La extraña distribución de la plaza respecto a la calle Betis se debe a que a ambos lados de la escalinata que comunica Betis con el puente existían dos establecimientos, perteneciendo la escalera al Altozano y los locales comerciales que la flanqueaban a dicha calle; cuando se acometió el proyecto de un aparcamiento público subterráneo se derribó el más alejado, el popular «quiosco de las flores», por lo que dejó este área su hueco en el plano, que ahora resulta indistinguible en el propio espacio público de la vía.

 

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