El flamenco y el dinero

FOTO DE EMILIO_BEAUCHY Café cantante hacia 1885
FOTO DE EMILIO_BEAUCHY Café cantante hacia 1885

Cuando tú me decías te quiero

de tu cariño yo alardeaba

pero vino después el dinero

pa´arrinconarme como una esclava

El flamenco se ha dividido, por consenso tácito entre casi todos los estudiosos, en una primera etapa que ha venido en llamarse hermética, de la que sabemos muy poco, pero poco… aunque muchos pretenden saber, sobre todo en los estilos y formas; hay quien la llama etapa primitiva, hay quien subdivide la etapa en dos (hermética y primitiva), en fin… en esas fechas el cante y el baile eran una cosa familiar, de carácter íntimo, pero hay constancia de que las familias pudientes organizaban en ventas y tabernas fiestas privadas donde se contrataba cantaores y bailaores para amenizarlas. Aquí tenemos un primer ejemplo de la comercialización del cante en la etapa hermética, pero seguimos sin saber: Aquellos cantaores, ¿vivían del cante? ¿trabajaban en el campo y acudían esporádicamente  a esas fiestas? Porque el flamenco, en buena medida, nace en el campo, en mi opinión. Nace del acompasamiento al trabajo físico en labores rurales, las primeras tonás pasaban de generación en generación a fuerza de escucharlas en los tajos, porque aquellas personas no sabían leer y escribir y por tanto no pudieron transmitirlo en condiciones idóneas.

 Llegamos a otra llamada de los cafés cantantes, que son una forma de comercializar el flamenco en locales donde se servía bebida y donde actuaban, bailando y cantando, artistas profesionales, es decir, que cobraban, poco o mucho,  por su arte. Eso aportó al flamenco la riqueza de la libre competencia, al esforzarse más los artistas para superarse. Además esta etapa tiene la trascendencia de ser en la que se fijan y afianzan los estilos. Uno de los primeros profesionales del flamenco reconocido es Silverio Franconetti, que además sale a los campos buscando gitanos que canten y bailen para traerlos a su café sevillano de la calle Rosario. Allí  y en otros cafés de Andalucía y de  toda España comenzaron a proliferar cantaores como setas, aparecieron y diversificaron los estilos dentro de los estilos. Lo de siempre: Soleá de Fulanito que cantaba Menganito y que  versiona Zetanito…

La época de la ópera flamenca abarca el periodo comprendido entre 1920 y 1955, y la inventó un empresario madrileño llamado Vedrines, quien descubrió que pagaba menos impuestos por aquella denominación. El flamenco salió mal parado de esta época, como ya se ha mencionado anteriormente. Claro que existía el buen flamenco, el que ha llegado hasta a nosotros, sobre todo en las fechas de 1920 hasta el comienzo de la guerra Civil. La segunda parte de la época de la ópera flamenca fue más dura, socialmente, artísticamente, moralmente. Fue un periodo de sufrimiento para un pueblo que significó el sometimiento del arte, los sentimientos y hasta de la razón, para encima, soportar la humillación, la miseria y el hambre, por la que también pasó el flamenco. Dice un cliente mío con mucho genio, que la moda en aquellas fechas eran los vestidos de las mujeres más largos de un lado que de otro, porque la señora iba andando por la calle y el niño tirándole del vestido, ¡Mamá, tengo hambre!

La época de tránsito hasta la actual fue el mairenismo, el cual debemos asumir como una aportación necesaria y fundamental para el flamenco por su importantísimo legado, pero a la que el flamenco no debe conceder su establecimiento definitivo. También se podía haber quedado en los pavones o en Manuel Torre, y no lo hizo. El dinero, en estos tiempos, y como en todos, circulaba y producía enfrentamientos y sinrazones.  Pero ¿cuál es la importancia que en el flamenco se le ha dado al dinero? ¿No será que precisamente por nacer y difundirse entre las clases más desfavorecidas el flamenco tiene la referencia del dinero como un objetivo a conseguir a través del arte, el objeto de deseo de todo aquel que canta, baila o toca? Es decir, el dinero y todo lo que con este se puede conseguir.  Y cuando se consigue, ¿qué puede aportar al flamenco? El status social más alto en un cantaor, ¿puede llevarle a dejar de ser lo que fue? ¿Pueden las malas compañías que a veces el dinero proporciona truncar una carrera brillante? La visión romántica del flamenco es la de un ser desprendido, para el que no tienen valor las cosas materiales, un ser espiritual que vive para el arte, que se conforma con un vaso de vino y un cante y sobre todo buena gente, muy buena gente. Cada vez conozco menos. Los flamencos no suelen tener dinero, cuando lo tienen, lo funden. No le tienen aprecio ni siquiera a lo que han ganado legítimamente y en cualquier momento están dispuestos a compartirlo. Ejemplo claro es esta letra de Soleá

No soy como San Martín

que le dio media capa a un pobre

yo se la doy entera

y si le sobra que le sobre…

En cambio, Manuel Torre cantaba unas alegrías que demostraban que todo lo bueno hay que pagarlo, y que todas las cosas tienen un costo:

Por pasar el Ebro a verte

yo le di un duro al barquero

los amores de Navarra

son caros pero muy buenos

            Hemos pasado a lo largo de este capítulo por las etapas más señaladas del flamenco, es decir, hermética-primitiva, cafés cantante, ópera flamenca y la contemporánea, parándonos en el mairenismo como punto de inflexión hasta nuestros días, pero en todas estas etapas hay un punto común. Hay flamencos que han conseguido fortuna con su arte, y otros han arrastrado ese mismo arte de tablao en tablao sobreviviendo miserablemente.  En todas, en cambio, ha habido gente que ha pagado al artista flamenco para tenerlo en exclusividad en su propia fiesta. Hay quien ha pagado más y ha tenido una primera figura, quien ha pagado menos y ha tenido un buen cantaor, y hay quien ha tirado la casa por la ventana y ha tenido todo un cuadro en su bautizo, boda o celebración. Este tipo de flamenco, de tipo esporádico y casual, ha existido a lo largo de toda la historia del flamenco, y todavía subsiste.

Se le suele denominar, en ambientes flamencos, como “jurdó”, “jallares” o “tela marinera”. Para ese tema, el del dinero y el flamenco, hay mimbres para prestar, y material para varios libros. Lo dejaremos por ahora,  con un cuentecito que escribí para los amigos de una institución literaria.

José coge la americana y sale a la calle. Los adoquines están apretaos, corre brisa y los estertores de enero le producen escalofríos  en la espalda y el cuello. No sabe dónde ir. Ayer el capataz del muelle no le cogió para el barco que acababa de llegar.  El viernes se espera otro más grande y quizá haya más suerte.

Los señores han cenado abundantemente, han encendido el cigarro habano y paladean un coñac, a la luz de los candiles. Mujeres con mejillas de colorete y encantadoramente vestidas se insinúan sin pudor mientras van de un lado a otro de la taberna en pos de la clientela.

Pues yo conozco a Fulanito, que canta como los ángeles y por diez reales le tenemos toda la noche… Habla un hombrecillo calvo con bigotito, dirigiéndose  a la reunión que poco antes había llegado en el carruaje que está aparcado en la esquina. El mayor de todos ellos chasquea los dedos. Un criado vestido a la manera de los cocheros de la época acude a la llamada. Llégate con Aurelio donde él te diga y aquí de nuevo con el cantaor. Los dos hombres salen del local y se marchan en el coche de caballos.

Mientras tanto, José, ha paseado por todas las tabernas de Triana, a ver si algún conocido lo convidaba a media botellita, pero tampoco ha habido suerte. Hoy no es su día. Lo único bueno que le ha pasado es la soleá que le ha escuchado a Frasco en Chapina, que había salido de la finca para alternar con los cabales. Volviendo a casa, ha divisado el carruaje en la puerta de su corral. Le esperaban a él.

Parece que el día no va a terminar tan malamente. Hoy, José va a beber lo mismo que el señorito, va comer lo mismo que el señorito y a lo mejor tiene ocasión de tocar muslo de la pecadora compañía del señorito, cuya relación junto a la bebida, el cuartito y la depravación provocaron el desprecio de la generación del 98 por el flamenco. Si no hubiera sido por los Machado…

El caso es que José llegará por la mañana feliz a su casa. Los vecinos están de suerte, porque despierta a sus niños cantándoles por siguiriya. Hoy comerán chicha y además su mujer podrá comprar un retal para hacerse un vestido. El cuartito ha solucionado por hoy las tribulaciones de José.

José Luis Tirado

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