EL RUMOR DE LA VIDA SENCILLA, relato

Amanece en la Plaza de Gavidia. El rumor del barrio despierta con los diminutos pasos de niños arrastrados por sus progenitores; el sueño los vence. Mujeres empujan su carrito de la compra, las ruedas de las maletas se cosen al empedrado, y en la terraza de Palosanto nos sentamos los primeros inquilinos para ver enredarse el sol entre los naranjos mientras el sol extiende sus rayos en nuestros cuerpos adormilados.

El café en vaso, el “Buenos días”, y un rezo a San Judas Tadeo en ese barrio de Sevilla ya es como algo más en la piel de sus vecinos. Mis ojos siempre glotones, mi alma revoloteando, se funden en ese clasicismo sevillano de tradiciones y costumbres, y siento a mi ánimo prenderse de los pajarillos que aletean por la plaza entretanto las campanas del convento de las religiosas Capuchinas alzan el vuelo al día que despierta.

Cinco mujeres copamos las cinco mesas del bar. Miro de reojo y ¡qué distintas somos!, a pesar de tener cosas en común: saborear un café en el silencio de nuestros pensamientos mientras un cigarrillo se consume entre los dedos. Y bien podríamos ser de cinco clases sociales: la ejecutiva, el ama de casa, la viuda entristecida, la solitaria empobrecida, y la escritora absorbiendo el aire que se respira.

¿Quién me llama más la atención de todas ellas? Paloma a la que no le pega ni el nombre. No hay persona que pase por la acera y no le salude “Bueno día, Paloma, niño di bueno día a Paloma, ¿Ha descansado, Paloma…” Su pelo canoso, brillante y limpio, va recogido en una coleta triste de caballo. De piel morena, curtida de arados y años, y mirada perdida, entornando los ojos y una sonrisa a medio hacer. Bebe, saborea lentamente el café, traga el humo con placer y ve pasar el día en su mesa de siempre. De pronto, se levanta, me mira y me dice:

– ¿Otro café, escritora? Entrará mejor la letra.

Levanto el rostro y en mi boca se dibuja esa sonrisa perdida desde hace tiempo. Al rato, aparece con dos cafés y nos miramos a los ojos. Sentí que me tragaba su vida a borbotones hasta que me sacó de mi hechizo.

– A mí no me pinte en letra, so mu triste -una carcajada se me escapa y cuando me levanto le pregunto:

– Paloma, ¿puedo darte un beso?

– Claro, como si me quiere pagá el café. Este ando mu ashusha de parné.

Se acaba mi tiempo de asueto, cierro mi libreta de notas, me levanto con el corazón contento y en la Plaza de Gavidia sigue corriendo la vida a raudales.

M Ángeles Cantalapiedra, escritora

Hoy 28 de Febrero, día de Andalucía, felicito a todos los andaluces. Poseéis una tierra muy hermosa, enhorabuena.

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