El último pescador

pesca con cuchara, río,
Grabado antiguo de la pesca con cuchara que me ha facilitado D. Emilio Jiménez Díaz

Dedicado a D. Ángel Vela Nieto y a D. Emilio Jiménez Díaz, sin cuya colaboración no hubiera sido posible este artículo.

El río y nuestra historia.

Asomarse entonces al río era asomarse al mar de la alegría. Estaba lleno de vida. Asomarse hoy al río es contemplar el vacío que ha dejado nuestra historia. ¿Dónde están las montañas de sal del muelle? ¿Dónde los familiares lanchones oscuros en que íbamos los niños de excursión al fin del mundo? Fíjese usted, a la Punta del Verde. Ya no se ven velas, ni sogas, ni huele a brea, ni hay boyas ni tablas flotando. El rio está tan limpio que ha dejado de ser el Flumen Nostrum para convertirse en el rio donde desembocan todas las lágrimas trianeras. El mar de las tristezas. Menos mal que sigue estando el puente; que con la vorágine renovadora de nuestro amantísimo ex alcalde Monteseirín me extraña que no pensara en tirarlo y poner en su lugar uno de aluminio, más ligero y funcional, y que le encargara el diseño a un ingeniero alemán de renombre.

FOTO DE JOSE LUIS GALVÁN
FOTO DE JOSE LUIS GALVÁN

 

Hoy nuestra red se encuentra entre el teclado y la pantalla, mientras resucitan recuerdos y vivencias que podemos plasmar en el ciberespacio. Nuestras tablas, el fondo de pantalla de este blog, y nuestro río agoniza lentamente bajo el puente de nuestra indiferencia.




En internet, hay muy pocas referencias o ninguna, prácticamente a este estilo de pesca. Me han dicho que en Coria sigue en activo una barca. Iré a verla un domingo para alegrar mi corazón, y de paso, volver a contemplar este arte, aunque será difícil en domingo.

 

Sin barcas

Pero a Triana,  no volverán barcas. Hoy no es posible su recuperación porque aquellos que vivían de ese trabajo se fueron jubilando. Ya en los últimos días de su subsistencia, les era muy difícil mantenerse con lo que dejaba aquello. Los clientes de bares y tabernas que ponían el barbo en adobo y que ellos surtían se fueron especializando en dar gusto a los paladares de la gente nueva. Pizzas y hamburguesas, la mayoría; algunos, parrilla y fritos, y los más, cerveza helada en tanques de salmuera y marisco de calidad. A mi tío Antonio le costó sobrevivir aquellos últimos tiempos y tiró la toalla. Se acomodó como pudo a la construcción y al trapicheo y así pudo jubilarse dignamente.

Puente de San Telmo
Puente de San Telmo

 

Mi abuelo, carpintero de ribera, algunos de mis tíos, areneros, otro, estibador del muelle, el otro, pescador. Parece que el rio lo hicieron para mi familia. La última barca de pesca con cuchara en Triana fue de mi tío, Antonio Fernández Ramos, que por desgracia, falleció hace cuatro años. En Triana le apodaban “El Añoño”, muy conocido en la plazuela incluso cuando se fue a vivir al Cerro, porque seguía acudiendo a su barrio casi diariamente. En un diario vespertino llamado “Nueva Andalucía”, hoy desaparecido, apareció un reportaje, incluyendo fotos de la barca, mi tío y mi primo Carlos, bogando. Mi primo, capaz de llevar la barca a Sanlúcar de un solo golpe de remos de sus poderosos brazos.

 

Antonio Fernández Ramos
Antonio Fernández Ramos

Triana es la que te marca,

aunque su cuño te duela,

ella despliega la vela

para que zarpe tu barca;

te señaló patriarca

de su rio marinero;

rector del embarcadero,

capataz de su memoria

y custodio de la gloria

del puerto camaronero.




José Luis Tirado Fernández

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