EMOCIONES

Mi querida Triana…

Está amaneciendo en mi ciudad igual que amanece en Triana, aunque tú huelas a azahar y aquí a frío. Abro los ojos y es como si una nube me fuera absorbiendo en esa sensación de irrealidad que según avanzan los días va empañando mi optimismo. Es un atracón emocional de tan calibre que no se digiera fácilmente. Esto que estamos viviendo es muy duro.

Al principio, el asunto del confinamiento, mal que bien, lo llevábamos todos con cierta resignación, como si fuera una situación de transitoriedad. Los chistes buenos, los malos, los geniales, inundaron nuestros móviles, ¡con qué ganas reíamos!, porque si hay algo bueno en España, que hay mucho, es el humor. Cualquier cosita nos viene bien para hacer un chiste de ello.

Sin embargo, según se marchaba una jornada y llegaba una nueva, las sensaciones iba variando y con ellas los seres humanos íbamos aterrizando a nuevas expresiones en nuestras mentes: miedo, frustración, estrés, enfado, soledad, vacío, aislamiento, impotencia e, incluso, a plantearnos en nuestras conciencias sentimientos que nunca podríamos haber imaginado.

Hemos perdido muchas cosas, y me temo que seguiremos perdiendo más. La alegría, la libertad, esas mañanas de sol tostado, el olfato para husmear la primavera…, hasta por perder, hemos perdido el derecho a despedirnos de nuestros seres queridos y velar por ellos.

Sin embargo, mi Triana, aunque mi optimismo esté en cuarentena, me zumba en la cabeza soñarte. Sí, como lo lees. Cada noche, cuando apago la luz, te sueño y respiro tu aroma, y mis ojos se inundan de tu luz y desparpajo. Mi corazón se llena de tus acentos y mi alma se asoma entre rejas a ver la vida pasar. Desde una ventana me asomo a ver cómo va y viene la vida de Triana en solitario, hasta saludo a mis vecinos y eso me reconforta mucho, muchísimo.

Esta intimidad que acabo de contarte, Triana, es una moraleja para que se la enseñes a los tuyos… La situación es la que es y no se sabe por cuánto tiempo, por lo que hay que buscar una válvula de escape emocional para este impás de consecuencias insospechadas no haga mella en nuestro ánimo… Sueña, piensa en lo que te gusta, en lo que desearías conseguir y aférrate a ello en los momentos de debilidad.

Si hay palabras que llenan mi corazón de energía capital son altruismo, caridad, empatía, generosidad, misericordia, humor… Si estas palabras las cosemos a la Esperanza, mi Triana bonita, estaremos en el mejor camino para que esta pesadilla su final sea feliz.

Te abrazo en la distancia mi querida Triana, son las reglas del juego para salvar el mayor número de vidas posibles. No decaigas y resiste. Necesito de ti sentirte cada día en un aplauso a las ocho, una saeta desde un balcón, el sonido de una marcha procesional desde cualquier ventana. Palpar tu silencio de calles vacías, no abandonadas, eso jamás. Triana late, está viva, eso sí, desde los muros de vuestros hogares, es lo que toca ahora.

¡Te quiero Triana!

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
©Un lugar al que llegar ©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla…Gymnopédies