ESE VIENTO QUE NO CESA

Mi querida Triana…

No hay noticia buena a no ser que hoy hayas dormido una hora más en un octubre que termina más encrespado que nunca para recibir a los Santos, y a ni a nuestros muertos podremos recordar como antes en los camposantos pues su entrada como tantas otras cosas nos están restringidas.

Seguimos en las trincheras de esta guerra que nadie pidió y se coló en nuestras vidas como vil ladrón para arramplar con todo lo que puede y más. Nadie sabe por qué vino ni tampoco se conoce cuándo se irá. A veces dudo de mis esperanzas, hasta otros me dicen que también se marcharon las suyas con estos vientos que no cesan.

Sin embargo, esta palabra de luz llena que parece que se apaga irremediablemente no se nubla si nuestro deseo por ella es grande. Hemos de dar un paso al frente y llenarnos más que nunca de ESPERANZA en mayúsculas; ella sabe aliviarnos hasta en las noches más oscuras y devolvernos la fe perdida.

Cuando tus querencias se evaporan, cuando tus ríos se achican, cuando el hambre se viste de colas interminables para aliviar tripas vacías, y tu paisaje muta a negocios de siempre cerrados y bajadas sus persianas para siempre con carteles “Se traspasa, se alquila”. Cuando unos no salen por miedo, y otros osan dar la cara al enemigo como si con ellos no fuera la fiesta para seguir de fiesta. Cuando unos maldicen a este enemigo invisible que a veces se manifiesta y otras engaña…, siempre imagino una cadena humana, unidos codo con codo atados a su CAPITANA. “Ella sabe”, me digo mientras no entiendo nada de este viento que no cesa.

Sabemos cómo se las gasta el adversario, si por expoliarnos, también se ha sentido generoso regalándonos la sensación de vulnerables, nuestro ego estaba desmesurado invitándonos al olvido de la esencia de los valores que deben regir en nuestros pasos. Hoy puedes ser tú, pero mañana puedo ser yo el damnificado de esta guerra en la que todos estamos señalados a salir a combate.

Pero este chorizo, ladrón de vidas y sueños, asimismo puede encender la llama de la solidaridad para que extendamos nuestras manos a quien necesita de nuestro aliento, ayuda, fe y ánimo.

Que no se diga Triana que caíste en desaliento, tú eres mucho, tú eres más, aunque ahora con tanta nube no veas el cielo despejado. Allí en lo alto ELLA te espera para abrazar tus duelos, temores y miserias. ELLA es nuestra gran ESPERANZA, la madre de todos, la MADRE que nunca falla en dar consuelo a sus hijos.

Triana, levántate y camina y que, el Guadalquivir, cuando te mire, se convenza que con una CAPITANA como la tuya a buen puerto has de llegar siempre.

Ángeles Cantalapiedra, escritora

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