La parte “nueva” de la calle Castilla

Azulejo, calle castilla, Triana,

Salid de la iglesia de la O para continuar estos Callejeos. Sabed que os adentráis en un tramo de la calle Castilla que no tuvo función residencial hasta el siglo XVI, cuando comenzó una ocupación progresiva que acabaría formando, ya en el siglo siguiente, un vecindario pujante y dinámico hasta tal punto que fue necesario derribar el antiguo hospital de Santa Brígida, como ya hemos visto, para edificar una nueva iglesia que lo atendiera.

Este nuevo caserío se había ido asentando en los terrenos de la antigua Huerta de la Zanja, predio originado en el repartimiento tras la reconquista que llegaba hasta Chapina, hasta donde se extendió el caserío ya en el siglo XVIII. Una de esas viviendas debió ser la casa con terraza al río donde el cronista de viajes malagueño Serafín Estébanez Calderón, apodado El Solitario y recordado por Rafael Laffón en el párrafo reseñado con anterioridad de su libro Sevilla del buen recuerdo, situara la escena llamada Una fiesta en Triana, una de las primeras páginas de la historia del flamenco publicada en 1847 en su libro Escenas Andaluzas, en la que participaron los míticos cantaores el Planeta y el Fillo, entre otros. Es posible que fuera la casa número 36, la que ahora ocupa el Bar Lola Cazerola, con terraza al río y decorada con un peculiar y divertido estilo.

En el número 43 veréis la nueva ubicación de la Peña Trianera, que ha venido buscando el cobijo de la iglesia de la O en su nueva etapa, aunque donde deberéis deteneros y entrar a tomar algo es en la Taberna El Canijo, en el número 52. No esperéis suculentas tapas o vinos de postín. Conformaos con un tentempié y aprovechad el momento para observar a los clientes y escuchad lo que hablan, la mayoría vecinos del barrio. Es posible que alguna anécdota o cotilleo os haga más agradable la parada. El segundo azulejo del Vía Crucis de la O aparece junto al dintel del portal de la casa.

Hasta el año 2005 se mantuvo en pie un edificio de los primitivos donde se fabricaban fideos, corral que queda en el recuerdo por ser donde naciera Paco Lola, compositor de sevillanas y marchas procesionales. Una placa colocada en el número 58 lo inmortaliza.

Es posible que también este sea el lugar donde existiera en el siglo XVI el Hospital de Santa María de las Cuevas así como una ermita bajo la advocación de la Virgen del Rosario, fundadas por los vecinos del cercano barrio de Portugalete, al que se llegaba a través de la calle Procurador y que se mencionará más adelante, constituyéndose una hermandad en ella titulada Cofradía de Nuestra Señora del Rosario y Sangre de Jesucristo.

En 1584 le fueron aprobadas las reglas en las que destaca ser una hermandad exclusiva para vecinos de raza negra, etnia de la mayoría de los habitantes de Portugalete venidos como esclavos del Algarve portugués, así como tener la obligación de realizar procesión de disciplinantes a las iglesias de Triana durante las Semanas Santas.

El hospital desapareció con la reducción de hospitales promulgada en 1587 por el cardenal Rodrigo Castro, quedando en uso la ermita hasta su traslado en el siglo XVII al Patrocinio.

En la esquina con la calle Procurador dos nuevos establecimientos, el moderno Puente de Barcas y ya en el número 76 el Bar Triana os seguirán ofreciendo lugares donde poder descansar si es que os hace falta. Justo enfrente un nuevo paso hacia el río os brinda la moderna calle Periodista Nicolás Salas, rotulada en 2007 e inaugurada oficialmente en el 2012 tras serle concedido a este cronista de la ciudad el título de sevillano del año.

Sabed que en el número 82 está la Escuela de Baile Matilde Coral, artista trianera de la que ya hablaremos más adelante. Fue fundada en 1967 y está autorizada por la Junta de Andalucía, es Premio Nacional a la docencia, conservadora de la Escuela Sevillana de baile y Bien de Interés Cultural desde 2012. Actualmente la regenta su hija Rocío Coral.

Y en el 95 la tienda de Coleccionismo Don Cecilio. Durante muchos años albergó en su planta alta el Centro Cultural Don Cecilio, formado por diecinueve tertulias que se reunían periódicamente a dar riendas sueltas a sus inquietudes culturales, hasta que no hace mucho se trasladaron al barrio de la Macarena. El local lleva por nombre el seudónimo que tuviera el periodista satírico José García Rufino, que se hizo muy conocido por editar la revista Don Cecilio de Triana entre los años 1899 y 1921, además de escribir obras teatrales y libros de poemas.

El periodista y escritor Antonio Burgos lo recuerda de la siguiente forma:

¿Que quién era Don Cecilio de Triana? Pues un genio literario, humorístico y periodístico sevillano del primer tercio del siglo XX. Tal era el seudónimo y el título de la revista satírica que sacaba José García Rufino, cumbre del humor popular sevillano. Injustamente olvidado, por mucho que lo recuerda su nieta, Carmen García Galisteo, que es Carmen Sevilla.

Si continuáis andando pasaréis delante del número 111, donde estuviera un conocido corral de vecinos donde nacerían importantes cantaores, y en poco tiempo llegaréis a la desembocadura de la calle Magallanes, antigua de los Estudiantes, donde se daban tertulias flamencas ya en el siglo XIX, ahora un callejón que sale por el lado de los impares donde hace esquina la Bodeguita La Ina, hasta hace poco Las Angarillas, un pequeño establecimiento con buen ambiente y buen tapeo regentado por El Quino, cantaor aficionado hijo de cantaor.

Enfrente el Bar Los Pérez completa la oferta de ambientito que este tramo de la calle Castilla regala al paseante, lugar por donde debieron estar las dos torres ochavadas que recuerda González de León en su libro Noticias Históricas de las calles de Sevilla:

(…) de las cuales se ven aun los vestigios en el espresado sitio de la enrramadilla, cuyas torres se llamaban las chapinas, á orillas del Rio, y en ellas se solían hacer las justicias de los reos condenados á muerte por fines del siglo de 1300 cuando no havia sitio fijo.

Continuará.

José Javier Ruiz,  del libro “Callejeos por Triana”

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