La Virgen de la Salud

DEVOCIÓN: A la Virgen de la Salud…

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El tiempo se termina. Agosto se hace Mayo, el verano eterna primavera. Las golondrinas trinan sevillanas divinas, y las campanas de la parroquia repican entonando salves de letanías.

Mi barrio, pobre y humilde desde siempre, pero consciente de su historia, se engalana para lo que acontece… Es la ”madrugá” ansiada por tantos que por su cara enloquecen. Poco a poco, todos intuyen, que Ella está bajando por escaleras de plata desde los naranjos del Cielo, donde tantos nos esperan.
Se acerca el momento, al llegar la aurora que expira al último domingo de Agosto, aunque esta vez no salgas de casa, todos tus hijos nos entregaremos por ti al completo. El poder verte tan cerca, sentir el calor de tu aliento que trasmina a azahar y nardo, el color caoba de esa mirada que algunos murmuran que lloran en tus perfiles lágrimas de azúcar y agua. Todo se te será eternamente agradecido, y como pago humilde, un dulce beso. Un beso donde van guardadas promesas cumplidas, peticiones de eterno agradecimiento, deseos de buena bonanza…
Nunca podré olvidar la primera vez que vi tu cara y tu figura tan cercana, un mes de la asunción de hace tres años… bendito el privilegio de adentrarme en el hogar de tus entrañas.
Jamás cesaré el decir la suerte que tuve Señora, el día que cruzamos miradas… a día de hoy seguiré diciéndolo; que te querré por siempre hasta que me falte el aliento.
Las horas cesan, los minutos se acortan, para llegar a tus plantas Madre, y besar tus manos de Soberana.

Un día, tuve el privilegio de contar a nuestra Hermandad lo que sentía por ti. Una vez más, permíteme decirte a ti :

No sufras madre mía,
no tengas tormento ni dolor,
que yo como humilde vasallo,
te ofrezco mi corazón.
Lucero en la oscura noche,
para el caminante, eres camino,
para tomar el sendero,
que nos lleve hasta tu Hijo.
Y eres para esta tierra,
pilar de su fe,
y eres ejemplo a seguir,
de tu amor tan fiel.
Y se lo grito a los mares,
y lo proclamo a los vientos,
yo a tengo una Madre bendita,
que se llama María…
SALUD DE LOS ENFERMOS.
Texto de Antonio Vázquez Bayón
Manuel Canela Fraile




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