Las afueras de Triana

Estos Callejeos continúan por el último tramo de la calle Castilla que comienza en la esquina del viejo edificio regionalista, llamada Rosario, como ya se ha dicho, al menos desde 1691, experimentando su población durante todo el siglo XVIII un importante crecimiento con el aumento de la actividad agrícola en este sector, hasta el punto de llegarse a contabilizar más de setecientos habitantes en el padrón de 1794 publicado por la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla.

Otro bar tradicional llamado El Tropiezo se encuentra en el arranque de la calle, que pasó a llamarse también Castilla en 1821. Fijaos en sus casas más antiguas y en los azulejos que en ellas existen para daros cuenta de que hemos abandonado la calle Castilla de la O para llegar a la calle Castilla del Cachorro, como en pocos pasos veremos. Pero también a la calle Castilla de los tejares.

Porque en esta zona, ya las afueras de Triana, fue donde se fueron instalando durante el primer tercio del siglo XIX numerosas fábricas de ladrillos y tejas, negocios de alfarería gruesa que requerían grandes extensiones de terrenos con acceso fácil al agua y a grandes cantidades de barro arcilloso y limoso, componente fundamental del suelo de la vega de Triana

Por eso las traseras de las viviendas de este tramo de la calle Castilla se fueron llenando de tejares, que llegaron a ser muy numerosos a finales del siglo XIX, como se puede comprobar en los planos de Sevilla de aquella época. Aunque el máximo apogeo de esta industria fue en los primeros años del siglo siguiente, cuando se generalizó el empleo de maquinaria y se disparó la demanda de estos materiales con la Exposición Iberoamericana que se celebró en 1929.

En el número 143 nació Angelita Granja, actriz fundadora de la Compañía Andaluza de Comedias, nombrada Trianera de Honor en la Velá del año 2015. En la fachada de su casa, antiguo colegio público, veréis una vieja placa de azulejo con la siguiente leyenda:

 

Los hombres de buen corazón deben proteger la vida

 de los pájaros y favorecer su propagación.
Protegiéndolos, los labradores observarán cómo

disminuyen en sus tierras las malas hierbas y los insectos.
La ley prohíbe la caza de pájaros y señala pena para los infractores

 

La placa es una de las muchas que hay distribuidas por toda Sevilla. Fueron donadas por el médico Antonio Ariza Camacho y colocadas en los años veinte del siglo pasado en las puertas de los colegios para recordar una ley publicada en el año 1896 que prohibía cazar aves insectívoras.

El escritor Nicolás Salas eligió al doctor Ariza como uno de los protagonistas de su novela histórica publicada en 1986 que se tituló Morir en Sevilla, descripción de los hechos dramáticos que hicieron de Sevilla la clave inesperada del alzamiento militar de 1936, como el mismo autor la describe en la sinopsis de la contraportada. En ella nos dice:

Del doctor Antonio Ariza Camacho, puericultor, pionero del ecologismo, amante de los animales, andalucista, georgista, fisiócrata y paño de lágrimas de las familias pobres que le llevaban a sus hijos enfermos, padrino de boda de Blas Infante, el destino ha preservado la obra que mejor le define como ser humano; esas lápidas de cerámica trianera que aún quedan en algunos colegios públicos, en la fachada, junto a la puerta de entrada de los niños y sus padres.

El doctor Ariza fue fusilado junto a su mujer en las tapias del convento de Los Remedios en julio de 1936.

Un poco más adelante, en el número 147, os encontraréis con la Taberna Sol y Sombra, uno de los establecimientos con más solera de Triana, fundado en 1961 por José y Patrocinio.

Entrad.

Una gran gruta de las maravillas es lo que encontraréis en su interior, donde las estalactitas que cuelgan del techo son viejos farolillos de papeles o jamones de Jabugo, y en vez de por rocas calizas sus paredes están formadas por decenas de viejos carteles de toros, entre los que destaca, enmarcada, la faja del

famoso picador Pepe Trigo, que perteneció a la cuadrilla de Currito Cuchares y posteriormente a la de Cara-Ancha. Nació el 23 de noviembre de 1854 y falleció el 12 de agosto de 1897

como se aclara en el cuadro.

Aposentaos en su barra del fondo y disfrutad de su atmósfera. Pedid para beber el famoso oro y grana o su torito o su vermú casero. Y para comer su solomillo al ajo, especialidad de la casa o sus tomates morados con lomos de ventresca, la especialidad preferida del autor de estos Callejeos, solo dos muestras de su extensísima carta que cuelga por las paredes en llamativos cartelitos amarillos. Pero también hablad con los camareros e impregnaros de la esencia de este mágico lugar donde ahora os encontráis. No extrañaros si veis en la barra o en las mesas rollos de papel higiénico. Se usan como servilletas.

Al salir caminad unos pasos hasta deteneos unos momentos en el cruce que tendréis delante. Por la izquierda muere en él la Ronda de Triana, gran avenida con intenso tráfico construida para la Exposición Universal de 1992. Y por la derecha arranca la calle Patrocinio, que le da salida hacia la carretera de Huelva. En ésta última nació en el año 1919 Gracia de Triana.

Ángel Vela dice de ella en su libro Triana, la otra Orilla del Flamenco:

Si Gracia ocupara su sitio muy pocos y muy pocas colegas la mirarían desde arriba. De Triana y paya (…) Triana queda eternamente endeudada con quien pregonó su nombre en las cuatro esquinas de la copla y el cante.

 

Y el periodista, músico y letrista de coplas y cuplés Álvaro Retana:

Domina todos los estilos, porque los fue aprendiendo desde los diez años. Cantando a la guitarra o con orquesta, Gracia de Triana sabe otorgar a sus canciones expresión inconfundible, y su voz cálida, sensual, grabada en decenas de discos era reconocida inmediatamente al ser estos ofrecidos en las emisoras de radio

 

Hija de un panadero y hermana de un tejarero de la Vega, desde niña maravilló a los entendidos con su prodigiosa voz, entre los que se encontraba el mismísimo Juan Belmonte, quien la apadrinaría hasta su encumbramiento. En 1944 se marchó al Madrid de la postguerra para crear su propia empresa, triunfando en el teatro y los espectáculos flamencos e incluso en el cine de la época con su famosa película La Cruz de Mayo, estrenada en Triana en el cine de verano Avenida situado en la calle Pagés del Corro. Murió a los setenta años en la capital de España, en su casa de la calle Luna, donde se retiraría del mundo artístico.

Continuará.

José Javier Ruiz,  del libro “Callejeos por Triana”

 

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