Manjar de dioses

manjar, buñuelos

¿Qué se hace cuando alguien es débil? Acaso, ¿aceptarse como es o luchar? La verdad sea dicha es que lo mío es una adicción con tintes de debilidad.

En el génesis de mi vida, es decir desde que  aprendí a caminar, allá por el siglo pasado,  y me abuelo me puso delante de un escaparate y al verme la cara de viciosilla y al quererme mucho, mucho, me lo dio a probar y…, pero nunca lo di importancia, me aficioné, sentía un extraño placer controlable, por supuesto. Como, además, me sucedía tan solo unos días al año pues… Hasta aquel fatídico día en que ingerí una sobredosis que casi me lleva al otro barrio, pero cuando llegué arriba, Dios no tenía previsto disfrutar de mi persona tan pronto así que me mandó de vuelta. Estoy convencida que Él creía que yo me regeneraría con el susto, ¡qué va!, fui a peor porque cuando vi a mi niño, que había nacido faltándole más de dos meses para venir al mundo por culpa de la lacra de su madre, con carita de angelote, de buñuelito auténtico, eso sí, metido en una incubadora, pues me dije “Angelines, mi arma, lo buñuelo son mu güeno, tú sigue” y aquí estoy como todos los años poniéndome morada a buñuelos.

Y es que no se respetan las tradiciones; cada vez los comienzan a hacer más pronto y tardan más en dejarlos de hacer. Antes, los buñuelos de viento rellenos de crema pastelera rica, rica, o de pomposa nata, se hacían días previos a los Santos y continuaban haciéndolos un par de días después y fin del trayecto. Ahora no, esto es un abuso, así nos va, y a mí ni les cuento. Este año comencé la sesión buñuelera el viernes. Yo no quería pecar en nada de nada…Llego a la hora vallisoletana del vino, una de la tarde, y mi amiga Nines que tiene una pastelería de mucha prosapia, confitería Cubero, y va la mujer me pone el vino, por supuesto, y una bandeja de buñueeeeeelos.  Pero, ¿dónde se ha visto eso de poner al pecador el pecado delante de sus narices? y voy y me los como; pequé sin respirar, sin encomendarme a nadie, sin arrepentimiento posible. Por cierto, me sentaron divinamente.

 

El origen de este manjar de dioses terrícolas proviene de la celebración de la Janucá, la fiesta de los judíos. Tiempo después, los cristianos lo introdujeron como dulce para el día de todos los Santos, pero hay quienes defienden el origen arábigo… No sé si árabes, judíos o sefardíes, pero yo estoy muy agradecida al que inventara semejante manjar y, desde que me nombré a mí misma hija ilegítima de Sevilla y de Triana, también los disfruto en cuaresma y en la feria de abril los de Mamá Dolores, Mamá Adela y todas las madres que se pongan por delante.

Y yo les pregunto a ustedes, pacientes lectores, ahora que les he confesado mi vicio vicioso, ¿qué hago?, ¿voy al psicoanalista o directamente a la pastelería, luego me reengancho en cuaresma y más tarde tan contenta me voy a la feria?

MªÁngeles Cantalapiedra, escritora

#Sevilla…Gymnopédies #Mujeres descosidas #Al otro lado del tiempo