MANOLITA Y ESTRELLITA, un cuento de navidad

Navidad, luces, mercado de Triana

Manolita vive sola, pero no le falta conversación. Ella habla y habla pues piensa en alto, o contesta a los de la radio, porque Manolita se compró una radio pequeña que va con ella por toda la casa metida en el bolsillo del delantal “Manías de vieja” se dice “Porque una mujer cristiana, como Dios manda, debe estar con delantal en su casa al servicio de su marido, su madre, su suegra, sus hijos… de quién sea”.

Manolita siente frío, un escalofrío ha recorrido su cuerpo. Se levanta a poner la toquilla sobre los hombros parándose a mirar por la ventana. Ve que se ha hecho de noche, y que la niebla ha envuelto a Triana. Todo es blanco, sin embargo, en medio de ese algodón que se pega a su ventana ve una pequeña lucecita. “¿Cómo es posible?” Se pregunta meneando la cabeza, y decide no bajar la persiana. “Eso es una estrella, Manolita, y se ha perdido, y como no la guíe alguien, esta noche no llega al portal” Se dice con cara de pena.

Se vuelve a su sillón, enciende la luz, se pone las gafas y se pone a leer. Aún ve estupendamente, aunque sus huesos van fallando como una escopeta de feria. De vez en cuando, levanta la mirada y otea a la estrella. Sigue allí, ahora incluso más grande. “Claro, ha visto luz y viene para acá” Se dice mientras su voz se mezcla con la periodista que habla por la radio. Está preguntando a la gente qué va a cenar esta noche y con quién la pasará… “Qué bobadas preguntan, por dios, de verdad, esta gente joven no sabe que en Nochebuena se come y se está con la familia” se dice cuando la voz de un hombre contesta a la periodista “Voy a cenar huevos fritos con patatas y cenaré con Pepita, mi canaria, y Pepito, mi perro, ellos son mi familia pues ya no me queda nadie más” contesta el hombre con voz jovial y animada.

Manolita después de oír al hombre se queda pensando y dice “Bueno, usted ya tiene más que yo… Yo sí que no tengo a nadie, ni canarios, ni gatos ni nada, y voy a cenar lombarda. En mi casa se cenaba lombarda y pollo relleno de pasas, igualito a como lo guisaba mi bisabuela Bernarda, que en paz descanse, pero huevos fritos, qué sacrilegio…”

Mira la hora, son casi ya las nueve. Se levanta y enciende la televisión; va a hablar el rey joven, el viejo está igual o peor que ella y después de los elefantes, ese hombre la cagó, según Manolita, claro, y tuvo que poner el repuesto. Ese muchacho le gusta mucho, se le ve honrado y preparado y en el fondo le da pena “Va a durar dos telediarios, Manolita, los republicanos se lo cargan si no, ya me contarás y otra vez lío. Ya verás, ya verás” Ella habla en voz alta consigo misma o con las paredes, tan viejas como ella. Saca el mantel de hilo, el pequeño, para eso es Nochebuena, y va a ponerlo en la mesa cuando, de pronto, una luz extraña e intensa, se cuela por la ventana. “Ay Dios mío, estrellita, que te has equivocado, esto no es el portal de Belén, te lo dije antes. Vete calle abajo, por San Jacinto y a mano derecha está una capillita pequeña, es allí, la Virgen de la Estrella te está esperando” Y como si la estrella hubiera entendido, dando un chispazo se va.

Pero en la poyata de la ventana ha dejado un presente; un diminuto gato, blanco como la nieve, y maúlla. Manolita lo coge con cuidado y lo resguarda entre sus brazos “Y que haya gente que no le guste la Navidad, ¡Ay, tontos, lo que os perdéis! Vamos Estrellita, vamos a ver al rey joven, y luego juntas tomaremos lombarda”

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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