SENSACIONES

Valladolid, 23/05/2021

Mi querida Triana…

Hoy me desperté con la zozobra de no saber qué contarte en este domingo de cielos rasos y pájaros cantándome las mañanitas del ecuador de una primavera. Rebusqué en los sotanillos de la ficción, allí donde vuelo más deprisa que un Halcón peregrino -alcanza fácilmente los trescientos ochenta y nueve kilómetros hora- inventándome quizá historias para no dormir hasta que la chispa de la realidad alzó su verdad diciéndome “Cuenta a Triana tu semana de sensaciones”

Y llevaba razón, han sido días para sentir, recorrerme por las venas sensaciones dormidas y, de tanto tiempo sin usar, hasta olvidadas. Sobre todo, he sentido que la vida volvía a ponerse en marcha, pequeños latidos de su motor me lo han hecho pensar así. No hay más que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta que ciertas costumbres de antes reviven en nuestro presente más inmediato. Esta mañana sin ir más lejos, me he encontrado con la estampa del vendedor de higos chumbos y más de un trianero saltando de alegría y relamiéndose de gusto.

Mi ciudad, en su reposo habitual, se ha visto invadida de la energía del suave calor bajo cielos turbios, pero igual de bellos que los pelados y azulados. El grato y sutil deambular de las voces asentadas en las terrazas desgranando las novedades en las que gira ahora nuestra vida, ese balón de oxigeno que nos proporciona una vacuna y nos lleva a volver a soñar, a hacer planes, a reencuentros y abrazos deseados.

Las risas y sonrisas, Triana, regresan de su largo viaje para aposentarse en sus lugares estratégicos: rostro y ánimo bendito. He podido palpar la osadía alegre de los encuentros entorno a mesa y mantel, a miradas chispeantes, a carcajadas sin un porqué. Al calor de un amigo, a desvelar sus entrañas entre el cariño de quien te escucha.

Sí, Triana, voy oteando el horizonte libre de telarañas y me atrevo a fantasear que en nada estoy cruzando el puente que me lleva al corazón de Sevilla, que piso la arena mientras mis pies se enredan en una ola gaditana y que salto aliviada mientras me pierdo en una pista de baile.

Mi Triana bonita, vamos por buen camino, no desarmemos aún nuestras horas de mascarilla y tengamos bien provista la cautela, el enemigo todavía nos puede sorprender, pero ya me veo enzarzada en tu bella figura de barrio con solera disfrutando tantos meses de ausencias.

Sí, las sensaciones vuelven, y hemos de sentirnos más vivos que nunca.

¡Buena semana a todos!

Mª Ángeles Cantalapiedra, escritora