Sevilla y Triana y sus naranjos

Ha dejado de llover o al menos tenemos un respiro ¡Por fin huele el azahar!

¡Qué alegría abrir las ventanas o salir a la calle y respirar ese aroma embriagador! ¡Ya está aquí la primavera!

Estamos acostumbrados a ver los naranjos y se nos alegra el alma cuando florece el azahar, pero…

¿Os habéis preguntado alguna vez por qué hay tanto naranjo (y amargo) en nuestras calles y plazas?

El naranjo es el árbol por excelencia de la ciudad, el más querido por los vecinos.

Es un árbol hermoso en su conjunto; de hojas perennes, lustrosas y de color verde oscuro, con una flor blanca de delicioso aroma y un fruto característico. Y es un árbol  que según la tradición da la felicidad a su dueño.

En la actualidad hay más de 25.000 naranjos en la vía pública, patios, plazuelas plazoletas, estimándose como la primera ciudad del mundo con mayor cantidad de arboles de esta especie plantados en sus calles y espacios urbanos.

Son la admiración de los turistas que nos visitan, tanto en primavera, momento de su floración que coincide casi todos los años con las fiestas Primaverales, impregnando con su fragancia toda la ciudad, como en otoño-invierno, observando los frutos en los árboles.

El naranjo llegó hasta nosotros desde la lejana China y de las partes bajas del Himalaya donde existía desde hace unos 20 millones de años. Fueron los antiguos viajeros los que los introdujeron en Europa como fruta exótica.

Aunque en la cultura romana ya lo conocían, su verdadera difusión se debió a los árabes durante el periodo islamista de nuestra cuidad. Durante ese tiempo fue cuando el naranjo ocupó su sitio definitivo en lo relativo a ornamentación de patios y jardines.

Pero ¿por qué?
Pues porque los gobernantes árabes de Al-Andalus emprendieron la enorme tarea de querer igualar en belleza y grandiosidad a los jardines de Damasco y Bagdad donde en aquel entonces, el naranjo ya ocupaba un sitio preferente, de modo que ellos también los colocaron en patios y jardines, uno de cuyos más bellos y conocidos ejemplos es el patio de la mezquita de Sevilla, el Patio de los naranjos, plantados de naranjos por los árabes.

Con ellos el cultivo del naranjo se extendió por todo Al-Andalus en todas sus variedades, y fueron ellos, los árabes, los primeros que extendieron sus usos terapéuticos y perfumistas al destilar sus flores, frutos y hojas.
La preferencia por el naranjo como árbol ornamental, no sólo de debe a su porte hermoso, el color verde oscuro de sus hojas, ni siquiera por el olor que existe en sus entornos en primavera, con su preciosa flor de azahar, sino también por algo supersticioso y es que cuando el árbol vino de China, trajo consigo una tradición generalizada y es que “ASEGURABA LA FELICIDAD A SU DUEÑO” motivo éste por el que se ha mantenido muy arraigada la costumbre de utilizar sus flores en ceremonias religiosas, de las que deriva su empleo en los enlaces, como símbolo de la pureza de la novia a la que adorna.
Se estimaban también las virtudes curativas que se atribuían al agua de azahar, que también fue utilizada como el más generalizado de los perfumes y de los refrescos.

Esto explica el predominio del naranjo amargo ya que esta variedad es la que reúne las mejores condiciones para estos fines.

Los naranjos llegaron a América por los españoles que acompañaron a Cristóbal Colón, muchos de ellos trianeros, y fueron quienes sembraron los primeros naranjos y limoneros en suelo americano.

Los naranjos primero adornan los jardines y los patios de burgueses y adinerados, pero de pronto pasan a las calles para el disfrute popular.  El naranjo se iba introduciendo en la ciudad por acuerdos municipales y peticiones de los ciudadanos ocupando una gran extensión en la superficie del arbolado viario local y en sus parques y jardines.

Posteriormente la mermelada fabricada con el fruto de los naranjos amargos se pone de moda en Europa gracias a personajes ilustres que visitan nuestra ciudad, como el Duque de Wellington quien pasó por la ciudad y compobó personalmente la calidad de la mermelada de naranja amarga, fabricada a partir de los frutos de los naranjos amargos de las huertas de los alrededores de Sevilla y de su Alcázar comparable a la mejor de las inglesas .
Durante los Siglos XIX y XX estas mermeladas adquieren justa fama en Europa lo que potencian el cultivo en las huertas.
A partir del año 1929, Sevilla ha convertido el naranjo en el árbol urbano por excelencia.

Una vez que el naranjo ha cumplido su ciclo ornamental, el Ayuntamiento desde el siglo pasado vende el fruto antes de que se produzca su caída por maduración.
Hace poco que hemos visto por Triana la recogida de las naranjas.

Luego llegará la nueva floración que ha de perfumar las calles de la ciudad la próxima primavera. Y es que en Sevilla es primavera en cuanto florece el azahar.

Como curiosidad, indicar que algunos vecinos orgullosos de su tierra comentan que los anglosajones y demás gentes de los países del norte de Europa empezaron a adornar el árbol de navidad con bolas rojas porque lo puso de moda una persona influyente (de entre las ilustres que visitaron nuestra ciudad) quien lo empezó a hacer en recuerdo de la fascinación que le causaron los naranjos (ya con frutos) cuando visitó nuestra ciudad; y como no tenían naranjos, adornaban los abetos.

Aunque sea una leyenda, tampoco es descabellado, ¿no os parece?

Elaboración propia: El Diario de Triana

Fuentes consultadas:

  • Wikipedia.org
  • EL NARANJO AMARGO DE SEVILLA

Origen de las imágenes:

  • Google
  • Origen propio

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