Un cristma especial

Mi querido Triana, mi barrio, aunque no seas mío pero que sepas que lo eres. Te quiero por muchas cosas. Puede ser por tu piel de sencilla armonía, o quizá por tus dedos de duende que alzan sus brazos con eterna alegría. O quizá, por ese orgullo que se te escapa por las aristas de tu alma. También, porque tú un día me mostraste el camino de la fe. Esa que a veces se nos despista en cualquier cuneta de la vida cuando las vivencias nos azotan, nos flagelan y nos hacen caer en la más miserable oscuridad. Y es cuando tú, Triana, me muestras tus manos de fe, iluminas mi Esperanza, acaricias mi corazón y me ayudas a levantar mis pasos y Madre a guiarme…


Existen símbolos que poseen más encanto que creencia, como la navidad.
No hay que rasgarse las vestiduras ante una verdad creciente y sí valorarla en su justa medida.

Caminamos perdiendo en cada curva del camino una capa de fe. Nacemos creyendo en todo de ahí ser esponjas de vida absorbiendo cada instante, sin embargo, mientras los años se deslizan en el corazón, vas olvidando, mutando a un ser más agnóstico de todo, aunque de nada en concreto.

Esta navidad, creo menos que de costumbre, no por falta de ganas, sino porque mi corazón tintinea en tristeza.

Siempre me gustó la navidad. Un derroche de fantasía alegre inundaba mi ánimo de niña, luego de adolescente y más tarde de mujer. Para mí eran fechas en el calendario que me obligaban a dar en compensación por todo lo que había recibido a lo largo de los doces meses. Igual pensaba de los demás, todos estábamos obligados a dar un poquito de amor, aunque fuera por cortos instantes, lo importante era dar.

Ayer abrí las cartas a Los Reyes Magos; llevaban varias semanas en el buzón real y yo era incapaz de abrir. Me era meloso dejarme arrastrar por la pena más que pensar en los otros.
Me puse a leer dejándome llevar por la inocencia que yace aún en el corazón de mis hijos. Vi en aquellas líneas el fruto de años imprimiendo carácter para que dos hombres que son hoy jamás abandonaran al niño que una vez fueron. Sentí tanta gratitud, tanto amor, que me descubrí diciéndome “Bendita navidad”

Querer es poder, aunque las lágrimas te impidan ver con nitidez que la vida te llama y tú has de salir a su encuentro.

¡Feliz navidad a los que creen, a los que no creen, a los que odian estos días, a los que aman estas fechas y demos un respiro a esas sonrisas que tanto bien nos hacen en cualquier día del año!!!

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla…Gymnopédies