UN DÍA ESPECIAL

De sobra sé que hoy, cuando mis letras aparezcan en el Diario de Triana, apenas habrá trianeros en casa, la mayoría estaréis en la calle celebrando el Corpus Christi o como popularmente se conoce, Corpus chico de Triana, viendo pasar al Santísimo Sacramento, a Santa Justa y Rufina, San Juan Evangelista, el Dulce Nombre de Jesús y el Paso de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María. También os digo que mi corazón estará apostado en un rinconcito de la Plazuela de Santa Ana, adoro ese lugar, mientras espero que alguien suba videos y mis ojos lo puedan gozar, siempre y cuando Internet funcione porque estoy en medio del campo y aquí la electrónica marcha de esa manera, es como si el tiempo se hubiera estancando y solo el murmullo del río Pisuerga, el susurro de los árboles y el canto de los pájaros se movieran al ritmo de las horas. Así que eso de ver, como hago habitualmente, Canal Sur etc., ¡nanai de la china!

Aquí el ritmo de la vida es otro, más pausado, huele a tierra y heno, el sol achicharra la sesera durante el día y regala anocheceres espectaculares. Lees, juegas a las cartas, te bañas en una piscina de agua muy azul, paseas al atardecer, charlas con vehemencia delante de una cervecita fresca, si es Cruz Campo mucho mejor, y piensas, debates mucho con tu yo interior.

Y es que el otro día cavilando, meditando, reflexionando sobre una frase que alguien me dijo “No te pregunto de dónde son esos pendientes, ya sé tú respuesta, de Sevilla”, vi la envidia en sus ojos, ya sabéis que esta surge de las formas más insospechadas. Sonreí, pero no contesté, ¿para qué? No la podía explicar que necesito llevar sobre mi piel algo sevillano, aparte de mi pulsera y mi medalla de la Esperanza de Triana. No, mi explicación caería en saco roto, es más, seguro que la sonaba a banal, porque hay sentimientos que no se pueden expresar, solo sentir.

De ese pensamiento, recalé en mi Triana, en su dignidad, en su historia y en su orgullo de ser lo que es. Hoy, que nos invaden situaciones nuevas, progreso, como nuevas formas de pensar, sentir y hacer, y que está bien que todos evolucionemos y aprendamos para avanzar, hay algo, mis trianeros, que no debemos perder y menos olvidar: nuestra esencia, raza y condición.

Me explico, por mucho turismo que haya y que el barrio se pueda beneficiar de él, que eso es muy bueno económicamente hablando, vuestra fisonomía, vuestra esencia, no se puede extraviar. El sabor de vuestras calles, de esos edificios humildes pero que encierran tanta idiosincrasia como sabor, no se puede perder bajo ningún concepto. Al igual que a vuestros retoños, los futuros adultos trianeros del mañana, deben mamar costumbres, acerbos y cultura propios; las modernidades están bien, pero miradas bajo lupa.

Ni qué deciros que cuando estéis fuera de vuestro terruño, hacer gala, decir alto y claro, “Soy de Triana y con mucho orgullo lo digo” … Jamás lo perdáis porque sois maravillosos, porque se os quiere precisamente por ser únicos, no sois masa, sois trianeros.

Hay un dicho que me lo ha recordado toda la vida mi madre que, como madre que es, es muy, pero muy pesada, que reza lo siguiente “La mujer del César, no solo debe serlo, sino también parecerlo” y la dignidad, la savia, del trianero ha de ir por delante y nunca olvidarla.

Nuestros corazones están escritos con semillas. Laten al ritmo del tambor de su simiente, por eso a veces desafinan. Quizá porque no tuvieron buenos maestros, o nosotros no supimos enseñarles a ser fuertes y honorable en la orquesta vivencial. Algunos están agujereados a punta de pistola; están muertos, aunque sigan latiendo. Otros, tienen descosidos sus bolsillos por donde se desangran sin poder escuchar la la música amable de la vida… Por eso es muy importante que vuestros infantes trianeros mamen de vosotros el espíritu raza que tenéis.

Ya sé que, tal vez, mis palabras no valgan mucho, pero que sepáis que vuestro orgullo, sustancia, carácter y entidad, son también los míos, aunque sea hija ilegítima vuestra, o una advenediza. Hoy es un día especial para que os haga recordar con orgullo quiénes sois.

Un abrazo enorme y gozad de este domingo maravilloso y, ¡Hasta la semana que viene!

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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