Un lienzo de la Inmaculada junto a San Joaquín y Santa Ana identificados como pertenecientes a la Ermita de la Encarnación de Triana

Un lienzo que representa a la Inmaculada, San Joaquín y Santa Ana, parte del altar mayor de la desaparecida Ermita de la Encarnación de Triana.

Un lienzo del pintor sevillano Francisco Herrera el Viejo que representaba a la Inmaculada Concepción con San Joaquín y Santa Ana comprado en el mercado de Arte por la Fundación Focus-Abengoa, resulta ser parte del altar mayor de la desaparecida capilla de la Encarnación de Triana de la cofradía de nuestra señora de la Encarnación, ubicada en el hospital de ese nombre en la calle de la Cava.

En la primera mitad del siglo XVII, las manifestaciones del fervor religioso se plasmaban en encargos de retablos y pinturas, enterramientos, fundaciones de capellanías o limosnas.

Desde el siglo XVI fueron numerosas las hermandades, hospitales e instituciones de beneficencia que surgieron al amparo de las limosnas y de la bonanza económica.

Un reciente hallazgo documental ha permitido relacionar a esta pintura con el encargo de las pinturas del retablo del Hospital de Nuestra Señora de la Encarnación de Triana.

Esta pintura inédita permite, por sus  características formales y técnicas, una atribución convincente al pintor barroco Francisco de Herrera el Viejo (Sevilla, hacia 1590-Madrid, 1654). La sencillez compositiva permite que el episodio representado sea fácilmente identificable. Se trata de uno de los seís  pasajes de la vida de la Virgen, lo que permite deducir que formó parte de un conjunto, posiblemente un retablo dedicado a la Virgen.

La primera noticia sobre la existencia de las pinturas de Herrera el Viejo del retablo principal de la capilla de la Encarnación de Triana data de 1818 y la ofrece Justino Matute, que señala repartidas en los entrepaños y basamento muy buenas pinturas de pasages de la vida de la Virgen, de lo mejor que ejecutó Francisco Herrera el viejo.

Estas palabras permiten la hipótesis de relacionar estas pinturas pequeñas con las pertenecientes al retablo. Matute continúa con la descripción de la pintura hoy en la Fundación Focus-Abengoa, la Inmaculada Concepción con san Joaquín y santa Ana, que no consigue ver con claridad: Fue la desgracia que embutieron en el centro un mal camarín(…) cubriendo con su penacho gran parte de la pintura del segundo cuerpo que representa la Asunción de Nuestra Señora. Precisamente lo que impedía ver eran las figuras de san Joaquín y santa Ana, como se podrá deducir. El camarín había sido añadido antes de 1762, como dice una descripción de la capilla de ese año.

La localización del contrato original para la realización del conjunto, firmado en 1635 entre el pintor Francisco de Herrera el Viejo y la cofradía de nuestra señora de la Encarnación, ubicada en el hospital de ese nombre en la calle de la Cava, ha permitido confirmar la atribución, conocer los temas representados y reconstruir con bastante precisión el lugar de todas las pinturas que formaron el retablo principal, y particularmente la de mayor tamaño, que es la hoy expuesta en el Hospital de los Venerables.

El contrato compromete al pintor a realizar en ocho meses una serie de pinturas de la vida de la Virgen, señalando cada uno de los temas que deben ser representados e indicando su ubicación, incluyendo el dorado del retablo. En el lado del evangelio, es decir en la izquierda del retablo, se comprometía a pintar El abrazo en la Puerta Dorada, la Natividad de la Virgen, la Presentación de la Virgen en el templo y los Desposorios de la Virgen. Para la calle de la derecha del retablo, debía realizar la Visitación de la Virgen a santa Isabel, la Natividad del Señor, la Adoración de los Reyes y la Presentación de Cristo en el Templo. El contrato tiene unas palabras claras: y en el cuadro que está encima de la caja donde está la nuestra señora de la Encarnación se ha de pintar Santa Ana y Santo Joaquín y nuestra señora de la limpia concepción saliendo los ramos del pecho de los dos santos. Este lienzo, que duplica en tamaño al resto, ocupaba un lugar preeminente en el retablo, sobre el camarín de la Virgen de la Encarnación.

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