La Virgen de la Estrella y el marinero perdido

Esta semana nuestro querido Antonio  Vázquez Bayón nos roza el alma con una historia que nos demuestra que todos tenemos una estrella que nos guía

EL MARINERO PERDIDO…

Cuentan los más veteranos, que muchos siglos atrás, un joven marinero regresaba de puertos europeos tras haber comercializado sus productos y sacado su beneficio a su ciudad natal.
Pero una noche, cuando le quedaban unas pocas millas para llegar a tierras gaditanas, se desató una terrible tormenta. Las olas cuya fuerza era insuperable chocaban bruscamente contra el casco del navío haciendo que de un momento a otro el barco naufragara y se hundiera en las profundidades del mar.
Fue entonces cuando el marinero viendo que no había esperanza, entre lágrimas en los ojos miró al cielo pidiendo compasión y clemencia a Dios por su salvación. Y de repente, sin previo aviso en el cielo, de entre unas nubes un gran destello de luz apareció que bajó hasta el navío donde se hallaba el joven marinero. No creía lo que estaba viendo : de aquel destello apareció una bella mujer ataviada con una blanca capa que cubría su cabeza mas no su mirada… de nácar era su boca, color nardo sus mejillas y sus ojos, hacían de ese momento la mirada más dulce y hermosa.
Como si no pasara nada, aquella mujer tomó el timón, y tomando en su mano al marinero hizo que el barco encauzara el río Guadalquivir y pasar su desembocadura, y para mayor asombro elevando sus manos al firmamento hizo que la tormenta se disipase.
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Dibujo de F.Javier Caro Miranda
El marinero, aún sin dar crédito a lo acontecido, miró a la joven doncella y arrodillado ante le preguntó que cómo podría agradecerle el milagro que había realizado. Ella sin gesticular palabra, tomó las manos del marinero con las suyas durante un instante y de nuevo, subió a los cielos… cuando el joven abrió sus manos encontró tres joyas apuntadas, con una forma muy parecida a la estrellada.
Pasó, el tiempo y al llegar al puerto de su ciudad, fue corriendo al barrio donde se niño se había criado hasta el convento que se hallaba junto a su casa, tomó al mayor de los frailes y la historia le contó. Mas, fue mayor asombro el de ambos hombres, pues el fraile comentó que muy de madrugada llamaron a la puerta del convento y cuando éste abrió no encontró respuesta, tan sólo la bella imagen de una joven ataviada con una capucha blanca, de color nardo sus mejillas y color nácar su boca; y su llanto tan fino y hermoso que a los hombres asombraba.
Tras recorrer raudos y veloces las estancias de aquel lugar santo y llegar a la alcoba donde se hallaba la imagen de aquella muchacha, tras contemplarla el marinero asintió con la cabeza… era la misma mujer que lo había salvado del temporal.
Ambos lo entendieron, no había más respuesta, esa mujer era Santa María Reina. Y tal júbilo se llenó en el corazón de aquel marinero que como ofrenda por haberlo salvado, ofreció a la imagen las mismas alajas estrelladas que brillaban cuán la plata; y el fraile le puso una bella advocación : María, Estrella y Reina del Cielo.
Desde ese momento, hasta en la actulidad, al llegar el día en que Dios llega a esta Jerusalén de Occidente a lomos de una borriquilla, esa dama tan pura y bendita al salir al encuentro de su gente que tanto la necesita; y siguiendo los pasos de su Hijo mientras reza a su Padre para quitar los pecados de nuestra vida,  sigue albergando sobre su pecho aquellas joyas tan bonitas como recuerdo, promesa y agradecimiento que el marinero le dijo un día…
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Llegó la primavera,
y con ella el calor,
ha florecido el azahar,
y al barrio da su olor.
las calles se han engalanado,
el pueblo, rebosa de alegría sincera,
ya se escuchan en los balcones,
el dolor de una saeta.
Que se enteren los musos y poetas,
muy poco a poco sale Ella,
lleva manto de Soberana,
y Corona de Reina sevillana.
Ya está entre su gente,
miradla,¡qué hermosa!,
va repartiendo consuelo entre sus hijos,
lo hace hasta gustosa.
Admirad su Mirada,
Señora… que hermosura,
te lo dicen hasta los más viejos,
Eres la Madre que llora dulzura.
Es por eso María.
Condúcenos a buen puerto,
para llegar a tu peana,
así descansar sobre tus Manos,
Estrella… FARO Y GUÍA DE TRIANA.
Antonio Vázquez Bayón
Manuel  Canela Fraile







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