Y llegamos a Chapina

La calle Castilla desemboca en un amplio cruce llamado en la actualidad Plaza de Chapina

Un poco más adelante la calle Castilla desemboca en un amplio cruce llamado en la actualidad Plaza de Chapina aunque durante mucho tiempo se conoció como Enramadilla de Triana, no sabemos si como recuerdo de estas torres medievales anteriormente mencionadas por González de León en su libro Noticias Históricas de las calles de Sevilla.

Por la derecha se extiende la calle del mismo nombre que llega a hasta la avenida del Cristo de la Expiración, vía que enlaza la carretera de Huelva con el puente inaugurado en el año 1991 donde estuviera durante unos cuarenta años el llamado Tapón de Chapina.

El Guadalquivir se podía cruzar por Chapina desde el año 1898 por la llamada pasadera del agua o puente de tablas, erigido justo en este sitio por la Seville Water Works Company Limited  para llevar la famosa agua de los ingleses, proveniente de los nuevos manantiales de Alcalá de Guadaíra, hasta Triana, y que permitía el tránsito peatonal. Más al norte se encontraba otro puente de hierro construido un poco antes, en 1880, para el paso del ferrocarril. Aunque fue Chapina el lugar elegido para aterrar el cauce del río como medida de defensa contra las continuas arriadas que el Guadalquivir venía provocando desde la antigüedad.

Las obras empezaron en el año 1948 y formaron parte de un plan general promovido por la Junta de Obras del Puerto que incluía desviar el río por un cauce artificial que se llamó Corta de la Vega de Triana y construir una esclusa río abajo, en la Punta del Verde. Los viejos puentes de hierro se desmontaron y en los nuevos terrenos se fueron construyendo instalaciones deportivas.

De esta forma el cauce histórico se convertía en un brazo muerto o dársena, y así Triana, después de tantos siglos desde su fundación, se unía a Sevilla por una nueva carretera sin necesidad de puentes que salvaran su frontera natural.

El plan tuvo que completarse veinticinco años después para proteger el norte de Sevilla con la llamada Corta de la Cartuja, construyéndose otro tapón a la altura de San Jerónimo.

Y este hecho a la larga sería decisivo para devolver a su estado natural lo que se modificó artificialmente. Porque a rebufo de las grandes obras que se desarrollaron para la Exposición Universal de 1992 se decidió levantar el Tapón de Chapina, ya sin sentido al estar cortado el río mucho más al norte, y devolver al padre Guadalquivir lo que era suyo, construyéndose otro puente en su lugar, el del Cristo de la Expiración o del Cachorro, diseñado por el trianero José Luis Manzanares Japón.

En la actualidad Chapina es una amplia plaza que conecta la avenida del Cristo de la Expiración con esta parte del barrio. Y si existe este gran espacio exento de viviendas es porque desde la época musulmana por aquí desembocaba el foso o cava que rodeaba el arrabal. Por aquí conectaba con el río y por aquí se llenaba de agua cuando era necesario como defensa ante el enemigo o como aliviadero de las crecidas del Guadalquivir.

El foso bajaba por vuestra izquierda, por lo que es ahora la calle Alvarado, que a su vez proviene de la calle Clara de Jesús Montero y Pagés del Corro. Al frente continuaba el camino hacia Castilleja de la Cuesta, salvándose el foso por un puentecillo llamado Alcantarilla de los Ciegos.

En Triana, frente de la alcantarilla de los Ciegos, para cubrir el grande espacio despoblado que media entre las calles del Patrocinio y de Castilla, se levantaron veinte y cinco corpulentos arcos alineados, vestidos de ciprés y laureles, y rodeados espiralmente de un cendal de telillas de color rosa (…) Detrás se levantaba una espaldera al alto de dos varas con igual adornos que los arcos, cerrándolo todo un barandal. Esta máquina ofrecía el efecto de un peristilo rústico, propia de aquel lugar, dejando por su espalda un anchuroso campo, para que el pueblo pudiese gozar de la vista de SS. MM. que debían pasar inmediato a esta decoración.

 

De esta forma describe Justino Matute este lugar el día que entrara el rey Carlos IV junto a su esposa la reina María Luisa de Parma y el príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII, en su Relación de los ornatos públicos con que la ciudad de Sevilla solemnizó la feliz entrada de los reyes… publicada en el año en 1796.

Venían a visitar el cuerpo incorrupto de San Fernando como agradecimiento por su intersección ante una grave enfermedad sufrida por el príncipe heredero, y a pesar de haber padecido hacía poco una gran inundación, la ciudad se volcó en el recibimiento de la familia real, y Triana también, claro, por donde entrarían. Y así toda la calle Castilla se engalanó con colgaduras y banderas, levantándose un enorme arco a la altura de la fábrica de jabón, unas pirámides en la embocadura del puente coronadas con las estatuas de Hércules y Julio Cesar, y un escenario en el Altozano para varias orquestas de música. Como era de esperar el puente de barcas se adornó con banderines y gallardetes.

 

Continuará.

José Javier Ruiz,  del libro “Callejeos por Triana”

 

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