El hombre que también salvó a Triana

Stanislav Yevgráfovich Petrov

Hay veces en la Historia (la escribo con mayúscula) que aquello que pudo suceder pero que no ocurrió, es más importante que lo que realmente pasó.

Hace más de treinta años, un hombre que la inmensa mayoría del mundo desconoce, salvó a la Humanidad de una Apocalipsis nuclear que se hubiese convertido en la mayor masacre de la historia; este hombre salvó más vidas que nadie a lo largo de los tiempos.

Stanislav Yevgráfovich Petrov  de 44 años, el día 26 de septiembre de 1983, (todavía 25 en Estados Unidos), y cuando hacía catorce días que monseñor Amigo Vallejo, había entregado  la Bula pontificia a la Hermandad Sacramental de La Esperanza de Triana, donde se concedía poder ser canónicamente Coronada. Firmada con el anillo del pescador, por su Santidad Juan Pablo II.

Stanislav teniente coronel del servicio secreto soviético, era oficial de guarda en el búnker Serpukhov-15, ubicado en las cercanías de Moscú.

La diosa Fortuna extendió su invisible y protector manto sobre los hombres, salvándonos a los siempre desvalidos e ignorantes ciudadanos corrientes de una muerte cierta.

Petrov tuvo que reemplazar en el centro de mando de los satélites soviéticos de alerta temprana, a un compañero que había enfermado. El nombre en código del satélite era OKO ( que en ruso significa ojo), su responsabilidad era la observación y notificación a sus superiores, de cualquier ataque inminente de misiles nucleares contra la Unión Soviética.

La estrategia definida por los dirigentes del Kremlin, todos altos cargos militares y gran parte de ellos antiguos combatientes en la Segunda Guerra Mundial era sencilla; al recibir la notificación, pondrían en marchar la doctrina llamada: “destrucción mutua asegurada”.

Ya habían sido engañados por Hitler , que confundió a Stalin con un simulacro de maniobras militares, la operación Barbarroja, que degeneró en una premeditada invasión. No era admisible nuevas sorpresas y mucho menos de carácter  nuclear.

Este incidente que a continuación les describiré, no pudo llegar en peor momento.

El 23 de marzo, el presidente Reagan , lanzó Star Wars,- La Guerra de las Galaxias, llamando literalmente a Rusia  “ El imperio del Mal”.

A primero de septiembre, por un desgraciado error, un avión coreano penetró en el espacio aéreo ruso, siendo inmediatamente derribado muriendo los 269 pasajeros, entre los que se encontraban un senador y diversos ciudadanos americanos.

El protocolo de Petrov era sencillo, tan sencillo, que él mismo lo había redactado. Debía hacer las convenientes comprobaciones veintinueve en total de los controles de alarma, e inmediatamente comunicarlo a sus superiores.

Poco después de la medianoche, exactamente a la 12:14 del 26 de septiembre de 1983, todos los sistemas de seguridad saltaron; las alarmas empezaron a sonar y la pantalla del ordenador parpadeaba:ATAQUE INMEDIATO DE MISIL NUCLEAR”. 

Las computadoras del búnker seguían avisando de que un misil balístico  intercontinental, se dirigía a la Unión Soviética desde los Estados Unidos. Consideró la detección como un fallo de la computadora, pocos minutos después , apareció el aviso de que un segundo misil había sido lanzado, y las computadoras seguían  machaconamente informando.

La tensión en aquella sala con 129 hombres había densificado el aire y todos dirigían sus ojos a Petrov, que ordenaba que cada uno siguieran con su trabajo.

Reapareció en la pantalla, el lanzamiento de un nuevo misil, el tercero, y poco después un cuarto, la adrenalina subía y el ritmo cardíaco se aceleraba. Petrov mantenía su cabeza fría haciendo caso a su intuición.

Surgió en la pantalla el lanzamiento de un quinto. Todos sudaban, y Petrov ordenaba que continuaran con su trabajo, sin apretar el botón rojo.

El tiempo que tarda un misil intercontinental lanzado desde Estados Unidos hacia Moscú, son veinte minutos. Habían pasado diez y su intuición le indicaba que un ataque de sólo cinco misiles de un país que posee miles, no parecía un pensamiento lógico.

Podría equivocarse, pero hizo caso a su serena intuición y se mantuvo firme desestimando los persistentes avisos.

A los pocos minutos, fueron apagándose las alarmas en las pantallas de los ordenadores, pasaron los minutos siguientes y nada había sucedido. Todos los presentes lanzaron gritos y felicitaciones a su jefe que había evitado la mayor catástrofe, que la Humanidad hubiese conocido.

“La gente no empiezan una guerra nuclear, con solo cinco misiles “

Estas fueron sus palabras.

Los compañeros le regalaron una televisión portátil, en agradecimiento a su serenidad y salvarnos a todos de una hecatombe.

Poco después, se analizó concienzudamente lo que había pasado. Llegaron a la conclusión  que las alarmas fueron provocadas , por una rara conjunción astronómica entra la Tierra, el Sol, y la posición especifica del satélite OKO.

Su superior le dijo que sería condecorado, y que propondría un día en su honor.

Este podría ser un final feliz, para una historia real llena de tensión.

Pero no; siempre aparece la mezquindad de la condición humana. Lo reprendieron por su decisión; Rusia no podía permitirse que el pueblo supiese lo sucedido. Fue amonestado por no acatar el protocolo,  y trasladado a un puesto de inferior jerarquía.

Poco después fue prejubilado, pasando a vivir en los suburbios de Moscú con una modestísima paga de aproximadamente 190 euros al mes, en absoluta soledad y anonimato.

Nunca se supo nada hasta que su comandante en jefe, presente aquella aciaga noche, escribió sus memorias en 1998, y relató lo que desde entonces se conoce como el “Incidente del equinoccio de otoño”, causado por una rarísima conjunción astronómica.

Dichas memorias llegaron por casualidad a manos de Douglas Mattenr, Presidente de la Organización Internacional de la Paz, “Asociación de Ciudadanos del Mundo”.

Tras previas verificaciones, pasó personalmente a la búsqueda del coronel jubilado Petrov, viajando a Moscú para hacerle la entrega del  “Premio  Ciudadanos del Mundo”.

La única pista le llegó de un periodista ruso, que le avisó que debía presentarse sin concertar una cita previa, ya que su teléfono no funcionada y el timbre de entrada a la casa tampoco.

Encontrar su rastro en un complejo de viviendas para personas de escasos recursos económicos, no fue tarea fácil.

Finalmente lo encontró en un segundo piso de aquellos edificios grises; sin afeitar y desaliñado.

Si, soy yo, pase.

Posteriormente mantuvo una tranquila conversación con él. Mattenr, se estremeció por la humildad de este hombre y su indiferencia por la fama y la importancia personal.

Nunca me consideré un héroe, sino un hombre que realizó su trabajo a conciencia.

Tras este premio, llegaron otros de limitada importancia. La gran mayoría del dinero de los premios, lo repartió entres sus familiares.

Hasta donde llegan mis averiguaciones, aún sigue viviendo en su apartamento, con una pensión de 190 euros al mes.

Un posterior estudio de rusos y americanos, calcularon las posibles perdidas, directa e indirectamente, entre tres mil y cuatro mil millones de vidas humanas.

Desde la Triana Universal dedico este merecido recuerdo a Stanislav Petrov,  Héroe de la Humanidad y a Douglas Matter de la Organización de Internacional de la Paz. “Asociación, de Ciudadanos del Mundo” que no cejó en el empeño, hasta entregar su premio como agradecimiento de todos los seres humanos.

La Esperanza de Triana pudo ser solemnemente coronada, con toda felicidad y desconocimiento, el dos de Junio de 1984 en la catedral de Sevilla.

José Manuel Piñero

 




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