Entrando a Triana por la avenida de Coria

Callejeos, Avenida de Coria

Porque a Triana no sólo se entra por el Puente, la segunda parte de Callejeos por Triana comenzará en la Avenida de Coria, la otrora entrada natural al barrio cuando se venía desde el Aljarafe. Y un buen lugar sería la esquina con la calle Dolores León, donde se encuentra el bar Casa Casimiro.

No es mal sitio para comenzar estos Callejeos la antigua carretera que llegaba desde Tomares, población que se puede ver desde este lugar si miráis hacia el Aljarafe, a pesar de la rampa que sube al Muro de Defensa (los trianeros antiguos siempre la llaman el terraplén)

Es obligado referir que este muro que hoy cierra Triana por poniente formó parte del Plan Brackenbury que en el año 1927 se proyectó para defender el barrio de las periódicas inundaciones que provocaba el Guadalquivir, convirtiendo el río a su paso por Sevilla en dársena al taponarlo por Chapina y desviar su trayectoria por la Vega, lo que requería construir una esclusa que lo comunicara con el cauce vivo por la Punta del Verde y un muro que aislara el barrio de este nuevo cauce que se llamó Corta de Triana.

Y no es mal sitio éste para comenzar nuestros Callejeos porque Casa Casimiro es toda una institución en el barrio.

Fue en 1945 cuando Casimiro Iglesias, gallego de Pontevedra, llegó a Triana después de seis años en Sevilla trabajando de dependiente en una taberna de la calle García de Vinuesa. Se había hecho cargo de un despacho de vinos en la calle Regla Sanz del Barrio León, del que conseguirá el traspaso con mucho esfuerzo y trabajo, fundando entonces Casa Casimiro, que reubicó en cuanto pudo en el local de la avenida de Coria donde está todavía.

Entre partidas de rentoy, reuniones donde se cantaba flamenco entre amigos, tertulias futboleras y muchas fotografías hechas a clientes y amigos, afición que le granjeó popularidad en el vecindario, pasaron los años hasta que se hizo cargo su hijo Fernando, el actual dueño, que amablemente proporcionó al autor de estos Callejeos toda la historia de su negocio.

Justo enfrente se encuentra la Residencia de Ancianos de las Hermanas de Consolación de Triana, inaugurada en 1943 por voluntad testamentaria de François Pierre Carrere, en unos terrenos agrícolas adquiridos por su albacea, Augusto Peyré y Sarta, que el vecindario conocía como el Hoyo de los Muertos, por ser el sitio donde se diera sepultura a las víctimas de la epidemia de fiebre amarilla del año 1800, como dejó reflejado Justino Matute en su Aparato para escribir la Historia de Triana, libro publicado en 1818:

 

(…) En su consecuencia se prohibió que ningún cadáver se enterrase en las iglesias de Triana; y en el cortijo que llaman de la Torrecilla, á la entrada del camino de Tomares, se habilitó un lugar, en que se abrieron zanjas, que empezaron á tener uso con el cadáver de Luis de Palacios, vecino de Triana, y escribano público de Sevilla.

 

Así mismo, José Velázquez y Sánchez, publicó en el año 1866 unos Anales Epidémicos donde refiere:

 

(…) el día 25 de agosto hubo ya 156 enfermos en Triana; que el 27 en la noche fue necesario sacar procesionalmente el Santísimo Sacramento de la iglesia de Sta. Ana, trasladándole al convento de San Jacinto, é incomunicar la parroquia por la hediondez de los cadáveres, sepultados en aquellos días en sus bóvedas; que el 28 se arbitraron cementerios por Triana y S. Vicente en la Torrecilla y Cruz de los Humeros.

 

Las Hermanitas de los Pobres regentaron la residencia hasta que en el año 1998 la Congregación de Hermanas de Nuestra Señora de Consolación se hizo cargo de la misma.

A su izquierda veréis las torres de pisos de la Barriada La Dársena, terminadas de construir en el año 1982, y que son herederas de otra primitiva Dársena, asentamiento formado por los habitantes de las antiguas barriadas de Vázquez Armeros y San José, desmantelas para construir la ya referida Corta de Triana.

En este lugar se reubicaron aquellos vecinos desplazados en simples barracones levantados por el Patronato de Casas Baratas, edificaciones que formaban un gran cuadrado en cuyo centro se ubicó el conocido colegio de las barandas, según recuerda el escritor y cronista trianero Ángel Vela Nieto en el libro titulado la Defensa de Triana, publicado por el Ayuntamiento de Sevilla en el año 2015, donde también mencionó que:

 

Mil trescientas personas viven en las trece calles de La dársena en 1937; la inmensa mayoría de las mujeres se dedican a sus labores mientras que los hombres salen cada jornada para buscarse la vida fuera de ella (…) Por arriba el calor de los techos; por abajo la eterna humedad del suelo, y por en medio la ropa tendida al sol (…) De los vecinos de la barriada, la mayoría obreros entre algún funcionario, agente comercial, administrativo, militar, artesano, profesor y un torero, el llamado en los carteles Torerito de Triana, nombramos a Conchita La Tortera, que vendía sus dulces por las calles (…)

 

El retraso en levantar el muro de defensa, la mala calidad de las construcciones y el poco mantenimiento por parte del Ayuntamiento hicieron inviable aquella barriada, teniendo que derribarse en el año 1977, cuando se empezaron a construir los actuales pisos. Sin embargo, la mayoría de los antiguos habitantes de la Dársena Vieja no pudieron quedarse y fueron forzados a marchar a otros lugares de Sevilla, según comentó al autor de estos Callejeos una antigua vecina de la Dársena Vieja nieta de Sebastiana, la calentera de la Avenida de Coria.

(Continuará)

José Javier Ruiz, del  libro Callejeos por Triana.

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Presentación Callejeos por Triana. Segunda parte
Cubierta de Callejeos por Triana. Segunda parte.