La historia de la Sra. Santa Ana, contada en su retablo a los trianeros

Muchas veces habremos acudido a la Real Parroquia de la Señora Santa Ana, la catedral de Triana.

Sabemos que fue la primera iglesia de nueva planta que se creó en Sevilla tras la reconquista  y que fue ordenada construir por el rey Alfonso X el Sabio, tras una visita al arrabal, en agradecimiento por la curación milagrosa de una grave afección ocular que le aquejaba. (leer: La Iglesia de Santa Ana: Orígenes)

Siglo tras siglo la gente del barrio ha acudido con devoción y familiaridad a este sacro recinto el cual también, siglo tras siglo, ha sido embellecido con perlas artísticas como retablos, cerámicas, orfebrerías…

Y aunque ha pasado por periodos difíciles, como cuando hubo de ser parcialmente cerrada por amenazar ruina allá por los años 1969-70, hoy está totalmente restaurada y luce en todo su esplendor.

La catedral de Triana es un verdadero tesoro y en ella además, se cuenta a los vecinos y visitantes la historia de la Sra. Santa Ana y del Nacimiento de María.

Refrescamos aquí algunos detalles que quizás nos hayan pasado desapercibidos, o que desconozcamos.

La capilla Mayor

Es la capilla principal donde se asienta el altar mayor. Tras éste, está el maravilloso retablo en cuyo centro está el camarín barroco donde están instaladas presidiendo las imágenes titulares.

Es la mejor pieza retabilística después del retablo mayor de la Catedral de Sevilla.

Pero, ¿nos habíamos dado cuenta de que  en el retablo se nos narra la vida de Santa Ana y la de su hija la Virgen María? Incluso hay detalles de la genealogía de Jesús. ¿Sabíais que también preside una tabla que representa a San Jorge?

El autor de las tablillas que decoran el retablo, Maese Pedro de Campaña, convencido de que la grandeza de la Santa Titular era ser la madre de la Virgen María, recrea en ellas los principales episodios de la vida de Santa Ana (según los Apócrifos y escritos de San Juan Damasceno) y los principales misterios de la Madre de Dios.

La lectura de las pinturas del retablo comienza por el primer cuerpo hasta el ático y las calles de izquierda a derecha siguiendo un orden cronológico de las distintas escenas según los textos sagrados.

Cuando volváis a entrar en la parroquia de la Señora Santa Ana, fijaos bien, éstas son las tablillas perfectamente restauradas que podemos ver en el altar mayor:

  • Justo encima del camarín donde están instaladas las imágenes de Santa Ana y la Virgen María con el Niño, está la representación de San Jorge y el dragón.

La justificación de que esta tablilla, ajena a la vida de Santa Ana y la Virgen esté en este retablo, se debe a que dicho santo fue el antiguo patrón  de la primitiva iglesia del barrio.

San Jorge combatiendo al dragón es una alegoría de la lucha de los apóstoles contra la idolatría.

La joven princesa liberada personifica a la Iglesia de Capadocia que habría sido evangelizada por San Jorge patrón de esta región.

En la escena se muestra la furiosa acometida del santo a caballo sobre el dragón.  San Jorge derriba por el suelo al dragón ocasionándole la muerte. La figura en un segundo plano de la princesa arrodillada muestra un contrapunto con el arrebato del combate, puesto que aparece recogida y quieta ante la violencia que se despliega en el primer plano.

  • Alrededor del camarín de las Santas Titulares encontramos la vida de Santa Ana.

 

San Joaquín rechazado en el templo

El relato se inicia con el momento en que San Joaquín es rechazado por su esterilidad del Templo de Jerusalén por un sumo sacerdote llamado Rubén cuando iba a realizar una ofrenda, quien le dijo «no está permitido depositar tus ofrendas porque no has engendrado en Israel vástago de posteridad».

Vemos a San Joaquín de frente  y a Santa Ana, de perfil, en actitud de súplica y abrumada. En la penumbra el sumo sacerdote gesticula echándolos del templo.

 

 

 

San Joaquín abandonando su casa

San Joaquín toma la decisión de abandonar su hogar después de haber sido rechazado del templo por estéril para retirarse de la ciudad y vivir en el campo con su ganado.

El santo aparece en actitud de emprender su camino llevando un cayado de pastor. Mientras Santa Ana intenta convencerle para que se quede.  En el interior de la casa se aprecia una criada que, según la tradición, dejo de servir a la santa por no tener hijos.

 

 

 

 

 Anuncio del Arcángel a San Joaquín

San Joaquín huyó con sus rebaños a las montañas, y durante algún tiempo su esposa Ana no tuvo noticias de él y lamentaba haber perdido a su esposo. Un día, estando en el jardín de su casa, Santa Ana observó un nido que había en un laurel y le inspiró tristeza al recordar la infertilidad de su esposo. En aquel momento un ángel le anuncia que tendría una hija. Asustada, Santa Ana se fue a una habitación y se tendió en su cama, donde permaneció todo el día y toda la noche orando temblorosa. El mismo ángel (que algunos autores lo identifican con el arcángel San Gabriel) anuncia a San Joaquín que su mujer ha concebido de él a una hija y que la ofrecerían para que viviera en el templo de Jerusalén, por lo que debía volver con su esposa.

 

 

 

 

Abrazo de San Joaquín y Santa Ana

Tras el viaje de regreso de San Joaquín con sus rebaños a la ciudad de Jerusalén, el mismo arcángel volvió a presentarse a Santa Ana mientras estaba orando en su casa y le indicó que fuera al encuentro de su marido a la llamada Puerta Dorada a la entrada de Jerusalén, lugar donde se produjo el encuentro de los dos esposos.

 

 

 

 

 

Natividad de la Virgen

A los nueve meses Santa Ana dio a luz a su hija y le puso de nombre María. En esta escena se narra la Natividad de la Virgen que se desarrolla en dos planos, en el primero aparece la Virgen niña en los brazos de una sirvienta mientras San Joaquín observa sentado y la señala con la mano derecha a la recién nacida. En el segundo plano se encuentra Santa Ana incorporada en su lecho atendida por dos familiares o sirvientas, en un espacio iluminado por una vidriera que se refleja en la colcha roja de la cama.

 

 

 

 

 

Presentación de la Virgen en el templo

Al tercer año San Joaquín y Santa Ana ofrecieron a su hija al Templo de Jerusalén. La niña subió las quince gradas que daban a la puerta de ingreso, y sin mirar atrás y sin sentir añoranza de sus padres entró en el templo dejando, incluso a los sacerdotes que la recibieron, sorprendidos. Entonces Santa Ana elevó una oración de gracias a Dios. (Es ésta la última aparición de los padres de la Virgen en el Protoevangelio de Santiago, dedicándose posteriormente casi con exclusividad a la vida de María.)

En la zona superior la Virgen se arrodilla ante el sumo sacerdote quien la recibe en el umbral del templo en presencia de un joven con una vela y una anciana que mira al espectador. En la zona inferior San Joaquín y Santa Ana despiden a su hija en tan trascendental momento. Santa Ana se representa arrodillada en un primer plano junto a San Joaquín que le señala que repare en un mendigo para que le entregue una limosna.

Hay mas tablillas, pero las dejaremos para otro artículo.

 

 

 Elaboración propia: El Diario de Triana

Fuentes:

  • Triana, Guarda y collación de Sevilla -J.M. Pérez
  • Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico




Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion