AYER LLORÉ…

Es bueno llorar de vez en cuando, Triana. Sana y da rienda suelta a la impotencia, a las penas, a los sentimientos y al dolor…
Ayer lloré. Sí, lloré, se me escaparon las emociones y sentí. Sentí con mis poros abiertos, con mí ser contradictorio, con mi yo menudo.
Al fin, por fin, éramos sin querer ser. Éramos hijos de la tierra, del hombre vulnerable al que se le escapó un gesto.
Gestos, pequeños desahogos del alma, actos sin palabras, sinfonía de amor sin verbos, obertura de amor sin promesas.
Gestos, nimios retazos de corazón templado. Episodios mudos, minúsculos detalles confesando un amor, una admiración.
Éramos lo más parecido a una verdad sin apariencias, apostados a la sombra de un revés para expresar un sentimiento.
La mueca en nuestros labios, la expresión en las manos, los ojos bebiendo lluvias…
Sí, ayer lloré, lloré de emociones múltiples mientras la noche me tragaba y el silencio me zurcía a su cintura; en mi garganta morían los últimos desencantos.
Hoy, Triana, un amanecer más se cose a mi solapa. Nada es lo que parece, ni el azul es azul ni el gris es gris. Simplemente, es la vida.

¡Feliz semana, mis Trianeros!

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
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