EL DIARIO DE SOFÍA, relato

La casa está fría, aunque siento que las paredes me miran. “Sofía, por Dios, no tengas miedo de una casa” Me digo mientras entreabro las habitaciones… Falta aire, subo las persianas y abro las ventanas. ¡Cuánta suciedad en suspensión! La casa está vacía, los armarios abiertos, los cajones cerrados y a pesar de la mugre olvidada, hay un eco que me acompaña o, tal vez, el fantasma de los que ocuparon la casa anteriormente… ¿Qué hay ahí? Me pregunto entretanto me agacho a recoger una sombra. Es un cuadernillo. Cierro la puerta con llave. La herencia por hoy ya me ha sobrepasado. Llego a casa, me pongo una copa, me siento y me pongo a leer el cuadernillo; dentro hay una foto. Dos mujeres se abrazan mirando a la luz.

Encontré un almanaque de palabras en letras desinfladas de tinta; el tiempo había borrado su textura, pero no su ingenuidad de entonces, esa con la que miras al mundo, a la propia vida, con las expectativas más hermosas que florecen en tu corazón. Me interesé por el dueño de aquella libreta hasta que descubrí en frases sueltas que era de una mujer, más bien chiquilla por el candor e inocencia en sus expresiones…

5 de marzo

Qué piel tan fina tienes amiga, siempre sujeta a perder el tiempo en sensaciones mientras gesticulas, te mesas el pelo, y te fijas en todo. Sonríes con una dentadura tan blanca que presiento estar rodeada de nieve.

 8 de junio

El niñato de al lado, el otro día, me pegó un par de hostias porque estaba empeñado en que guardaba algo de cocaína de la última juerga, ¡será cretino! Soy una golfa pero no me acuesto con cualquiera, esto no lo entiende mi padre, al que juro sobre su biblia que voy a cambiar; esto no lo tengo por seguro pues me gusto como soy, aunque algo me dice que por buen camino no voy. Siento los pasitos menudos de mi perro, sabe que estoy colocada, y no quiere entorpecer mi viaje al nunca jamás. Él sí que sabe el secreto de vivir, es un can y como tal, más listo que cualquiera de nosotros.

 26 de noviembre

Ayer me llamó uno de mis hermanos, Pedro, “Sofía ven, madre se va” Me agarré un globo del quince, ¿quién es ese Dios, que tanto clama padre, que arrebata la vida a una santa? Corrí cuanto pude, pero cuando llegué era demasiado tarde. Se había ido. Me agaché a besar sus manos aún calientes, entre ellas había una foto, ella y yo abrazadas…, y esa tristeza que hiere tanto entró en mis venas hasta derramar un océano entero sobre mi madre, la única que siempre me quiso como soy. Ella respiraba verdad.

 1 de enero

Estoy preñada, ¡Mecagoendios! A ver cómo me deshago de este muerto. Lo que me faltaba, el otro día me echaron del trabajo. Solo me queda este piso, me lo dejó en herencia mi madre y no lo voy a vender, es lo único que me queda de ella y esta foto.

 5 de junio

He mirado por última vez su carita, es preciosa. Después, la he entregado con dos condiciones: siempre sabré de ella y se llamará Sofía.

 24 de diciembre

“Escribir es la manera más profunda de leer la vida” Dijo Umbral. En mí, es recolocar las ideas, acariciarlas, perdonarme, descubrirme, reír y comprender. Ya no sé explicar sin letras. Es un viaje a los interiores de mí ser y ver la campiña que allí se cuece. Después extraigo lo que palpita y lo fundo en letras minúsculas y, mientras la tinta fluye, la serenidad y el sosiego van creando un horizonte con tres elementos: “hombre, paisaje y una pasión”, Delibes dixit.

 27 de agosto

¡Qué irónico! Acabo de encontrar mi diario, justo hoy que el doctor me ha comunicado que como mucho me quedan dos años, dándose todo bien, claro… En fin, es lo que hay. Escribo estas líneas por si llegan a Sofía alguna vez:

“Sofía tu madre se regeneró y por ti. ¡Gracias, hija mía! Te di en adopción, lo mejor que pude hacer. Después, viví para ti y en memoria de mi madre. Hice derecho y me dediqué el resto de mi vida a sacar de la cárcel a esos trúhanes de drogadictos. Eran mis colegas, hija, alguien los tenía que ayudar”

Un mar de lágrimas recorre mi semblante, igual que hizo mi madre el día que murió mi abuela.

M Ángeles Cantalapiedra, escritora

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