Entramos en el Barrio León

Milagrosa, San Gonzalo, Callejeos

Pero estos Callejeos continúan por la calle Nuestra Señora de la Salud que comienza al final de la  marisquería, así que dirigíos hasta ella. Fijaos en el rótulo que se encuentra en la fachada de la casa número 1, porque en él veréis un azulejo con el rostro antiguo de la Virgen de la Salud, desaparecida en el incendio de su cercana sede como ya recordaremos más adelantarle.

La calle transcurre por entre los conocidos chalecitos de San Gonzalo, construidos en la ampliación del Barrio León por la Obra Nacional de Construcción de Casas para Inválidos, Empleados y Obreros impulsada por el general Queipo de Llano, en el estilo moderno de ciudad jardín, comenzándose a habitar en el año 1943, integrándose sus calles con las antiguas hasta formar un solo barrio.

Santiago Martín Moreno, criado en el Barrio León, lo describe así en el número 70 de la Revista Triana:

 

El Barrio León es descanso para el ánimo a veces entristecido por el sopor propio de los días bajos; y es grato cuando a esa hora de la tarde, comienzan a desperezarse los jazmines que en los patios y cual si de millares de luceros se tratara, se abrirán a los cielos, mientras que en ellos las estrellas se harán eco de aquellos jazmines ya abiertos en el nidal de sus arriates, y los gorriones comenzarán a formar un revuelo propio de cada atardecer en la continua búsqueda de ese brazo amoroso sobre el que pasar la noche. Un revuelo que, dicho sea de paso, ameniza el tranquilo ambiente de los naranjos en flor, desde muy tempranas horas.

 

Descripción que recuerda al autor de estos Callejeos otro antiguo barrio de Sevilla como es Heliópolis, donde vivimos la mayor parte de nuestra adolescencia y juventud.

Pero continuando por la calle Nuestra Señora de la Salud es obligado detenerse delante del número 8, la casa donde viviera Juan Sierra. Una placa de azulejos colocada por el ayuntamiento en el año 1997 recuerda al poeta de la generación sevillana del 27, grupo conocido por sus publicaciones en la Revista Mediodía.

El autor de María Santísima, Palma y Cáliz de Sevilla, Claridad sin fecha y Álamo y Cedro murió en esta casa en el año 1989. Unos meses antes, el Distrito Triana del Ayuntamiento de Sevilla le publicó una antología de sus mejores artículos periodísticos titulada Sevilla en su Cielo.

De esta forma lo recuerda el escritor Aquilino Duque:

 

Cada uno de sus versos conserva la misma tersura con la que nació y es difícil en ellos encontrar una arruga o una sombra.(…) Esa claridad suya la tomaba Juan Sierra del cielo de Sevilla, de la celeste realidad que lo envolvía, y a fuerza de mirar esa realidad, de mirar ese cielo azul, los ojos azules del poeta fueron disolviéndose en él, en esa azul neblina pura y sin mancha del Día de la Inmaculada que es el cielo andaluz, el cielo de María Santísima.

 

Como ejemplo de sus poemas el autor de estos Callejeos no puede dejar de traer al recuerdo el soneto dedicado al Gran Poder que fuera publicado en su libro Palma y Cáliz de Sevilla en el año 1944:

 

¡Oh coagulada sangre negra, gorda,
oh leño de clavel carbonizado,
oh joya navegando un frío morado
en la luna que plena se desborda!

 

¿Con qué alta piedra alumbra, gira, borda,
tu gran silencio nuestro gran pecado?
¡Con qué metal de luz grave has llegado
por dolorosa estrella al alba torda!

 

Vas mudo, serenando tu cabeza
el rosa -¡ay!- de lejanos surtidores
que en el alma iza ya la primavera.

 

Mudo, Señor, velando mi pereza
con los oros más viejos y mejores
que unos trinos derraman en la cera.

 

Muy cerca de la casa del poeta está la iglesia de San Gonzalo y la plaza del mismo nombre, por donde se veía a Juan Sierra en pantuflas y batín paseando como si fuera una extensión del jardincillo de su casa, como también recuerda Santiago Martín Moreno en su blog Desde mi barrio, donde llegaría a proponer que la plaza se llamara del Poeta Juan Sierra.

Haced lo mismo y dirigíos a la Plaza de San Gonzalo. Bajo su arboleda destaca sobre su humilde pedestal de ladrillo visto, como salida de su medalla, la Virgen Milagrosa, obra de José Lemus de la segunda mitad del siglo XX. En el año 2006 fue restaurada por Guillermo Martínez Salazar, quien le repondría una mano desinteresadamente, perdida años atrás por el vandalismo.

Su permanente soledad en medio de tan diáfana plaza y bajo tan extensa arboleda queda mitigada los domingos previos al día del Corpus Christi cuando procesiona por el barrio, en honor a Jesús Sacramentado, la Custodia de la Hermandad Sacramental de la parroquia. Es entonces cuando la Virgen de la Medalla Milagrosa preside un efímero altar que se coloca a su alrededor, y así reposteros, columnas, flores y ángeles custodios la acompañan por unas horas. A sus pies una imagen de San Vicente de Paúl junto a los símbolos eucarísticos del trigo y las uvas completan el altar.

Sabed que la tradición católica refiere que en el año 1830 la Virgen María se apareció a sor Catalina Labouré, monja de las Hijas de la Caridad, congregación fundada en 1633 por San Vicente de Paúl. La Virgen vestía con manto blanco y de sus manos extendidas brotaban haces luminosos. Una voz le pidió a sor Catalina que se encargara de hacer medallas con esa visión, medallas que serían llamadas milagrosas al poco tiempo.

Catalina Labouré murió en 1876 y fue canonizada en 1947, pudiéndose ver en la actualidad su cuerpo incorrupto en la Capilla de la Medalla Milagrosa de París.

(Continuará)

José Javier Ruiz, del  libro Callejeos por Triana.

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