La cortijada de la vieja Huerta de la Torrecilla

la torrecilla, callejeos

Ahora caminad hacia Triana por dicha avenida, llamada así probablemente por la línea interurbana de tranvía que por ella pasaba y terminaba en Coria, hasta llegar a una antigua edificación en la que destaca una torre en su centro.

Se trata de la cortijada de la vieja Huerta de la Torrecilla, extensión agrícola ubicada en los terrenos donde al parecer estuviera un convento de monjes benedictinos. Aunque no sería hasta el año 1733 cuando la huerta aparece mencionada en unas escrituras como propiedad del Patronato de Legos creado en la parroquia de Santa Ana por el capitán Alonso López de la Vega, cuya administración recaía en la Hermandad del Santísimo Sacramento, documento donde sus treinta y nueve aranzadas se cedían en usufructo a un tal Juan Bautista Plateboet a cambio del tributo pertinente.

El tiempo pasó y La Torrecilla acabó siendo propiedad del comerciante José León y León ya en el año 1918, quien la parceló vendiéndola a particulares a bajo precio sin siquiera urbanizarla.

 

 

Para el año 1927 ya se habían construido unas doscientas viviendas tanto unifamiliares como colectivas que precisaron, ya en la década de los años treinta, que el ayuntamiento las dotara de los servicios necesarios para su habitabilidad, conservando el barrio resultante el nombre de su promotor así como el de sus familiares en sus calles y plaza.

El paso del tiempo, su ubicación cercana a la calle San Jacinto y los servicios que se han ido construyendo en sus inmediaciones han ido dado al Barrio León un valor añadido que lo ha convertido en la actualidad en una zona residencial muy apreciada en Triana. Barrio que se extiende tras la vieja casona donde se yergue la torrecilla que daba nombre a la huerta y que llegó a albergar entre sus muros una fábrica de borra, lana de mala calidad y restos de trapos que se usaban para rellenar los colchones, una fábrica de jabón, un almacén de carbón vegetal así como un bar llamado Eloy:

 

(…) ante cuya puerta paraban los tranvías del Barrio León, los hombres bebían vino peleón como cosacos sevillanos, acompañados de gigantes alcaparrones y, para matar el tiempo, jugaban a la tángana apostándose unas grasientas monedas (…)

 

según recuerda el escritor trianero Emilio Jiménez Díaz en su blog Desde mi Torre Cobalto.

A mediado de los años cincuenta, después de mucho tiempo abandonada, abrió en una parte de la vieja cortijada la taberna La Torrecilla, muy recordada por los vecinos porque mantuvo su actividad hasta la década de los ochenta. La regentaron los hermanos Mario y Jaime Rodríguez López y permanecía abierta las veinticuatro horas del día, por lo que era el lugar apropiado para terminar las veladas nocturnas de Triana. Dicen que entre sus paredes llegaron a cantar Chocolate, La Perla de Triana, Lole y Manuel y el mismísimo Camarón. Incluso se celebraban en ella tertulias literarias con el poeta vecino del Barrio León, Juan Sierra, como anfitrión.

 

 

Los conductores de las cercanas cocheras del tranvía se cruzaban por las mañanas cuando iban a desayunar con los últimos trasnochadores rezagados, aunque ahora son las familias y vecinos del barrio los que frecuentan Mariscos Emilio, abierto en La Torrecilla en 1990 por el industrial Antonio Guerrero, hijo del popular marisquero Emilio, así como los miembros de la Hermandad de San Gonzalo, que tienen en ella su casa-hermandad, y cualquier sevillano que llegue hasta aquí atraído por la fama de sus mariscos y cervezas.

Pero estos Callejeos continúan por la calle Nuestra Señora de la Salud…

 

(Continuará)

José Javier Ruiz, del  libro Callejeos por Triana.

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Presentación Callejeos por Triana. Segunda parte
Cubierta de Callejeos por Triana. Segunda parte.