UN PASEO POR LAS NUBES

Mi querida Triana, ¿cómo te ha ido esta última semana? Yo, tratando de asomar la cabecita poco a poco después de días terroríficos encerrada en un hospital con la anciana de mi madre que no se decide a partir.

¿Sabes? Cuando me pongo a descorchar letras puedo tomar dos caminos: el real y el ficticio, aunque este segundo termina entrelazándose con la realidad, porque un escritor no puede olvidar aquello que bulle en su cabeza, lo que está viviendo o ha vivido, y lo que le dicta el corazón. Por eso, mi bonita Triana, al ponerme cada domingo a parlotear un rato contigo pues soy más yo que nunca, y el disfraz de escritora se queda a un lado.

Ayer, por ejemplo, hablaba con una amiga de la autenticidad de las personas, de la personalidad que tenemos cada uno que se nos escapa en cualquier arista de nuestra piel, en una vestimenta, en un gesto, en una forma de mirar… Te cuento esto porque leo y escucho muchas quejas sobre lo que están haciendo unos y otros contigo, Triana, arrancándote tu idiosincrasia… Todo por el desconocimiento de tu ser, por el vil metal, los tiempos modernos que arrasan con el pasado. Aunque, también te digo, que hay gentes por tus callejuelas, por tus balcones, que defienden a capa y espada tu personalidad de barrio único y por mucho que unos quieran extirpar tu esencia, otros pelearan por ella. Ya ves, aquí estoy yo, una total desconocida, una adicta a tu sabor que, siempre que puedo, vocifero para que nadie toque ni borre esa naturaleza tan tuya, tu carácter como tu alma.

Triana, amiga mía, ¿te has dado cuenta que los días se apagan como mechas gastadas? Se encienden más pronto las luces de la ciudad y el viento hace volar las hojas de los árboles mientras sus desnudos hacen deshojar nuestra melancolía y, así, sin darnos cuenta, hemos llegado al epicentro del otoño, noviembre. Días para recordar a los nuestros que una vez habitaron en cuerpo junto a nosotros.

Cada uno mostramos los duelos a nuestra manera. La raza calé, por ejemplo, me fascinan por el culto y respeto a sus muertos. Después de limpiar y relimpiar la monumental tumba, porque siempre son mausoleos escenográficos, se pasan el día junto a sus difuntos, toda la familia, charlando, rezando.

Cada rincón del mundo posee sus costumbres para recordar a quien partió a cuál más bella… México sin ir más lejos.
Muchos, prefieren olvidar, pasar página e interiorizar las ausencias en silencio.

Sí, son días especiales estos que acabamos de pasar. La melancolía, el recuerdo nos envuelve, Triana y nosotros hacemos un camino de crisantemos, un camino de pensamientos a la sombra de un ciprés. Cada uno recuerda a los suyos, los festeja con flores y el camposanto se convierte en un jardín de primaveras otoñales.

En fin, mi amada Triana, el tiempo contigo se agota por esta semana. Me ha encantado este paseo por las nubes contigo, hablando de todo y de nada, compartiendo pensamientos, duelos y algo más que solo tú y yo sabemos.

¡Cuídate! Hasta la semana que viene, amiga mía

 

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla…Gymnopédies

PD Foto de Jesús Daza