ESTAMPAS DE TRIANA

Triana

Mi Querida Triana, te he visto esta semana vestida de lluvia y hasta con niebla; estabas igualmente preciosa, como siempre, con tu vida diaria de rutina y trabajo, y turisteo por medio tratando de conocerte a tiro de un par de fotos, entrando y saliendo de una iglesia y otra, sin tan siquiera darse cuenta del suave perfume de tu piel. Yo te observaba desde una esquina de mi ordenador mientras hablaba a mi madre de tu trascurrir. Dicen que a los enfermos terminales hay que leerles, contarles cosas porque, aunque creas que no atienden, va calando en ellos un dulce pasar, así que decidí hablar a mi madre de ti mientras miraba vídeos…

¡Qué confundidos estamos! Atesoramos países y territorios para, más tarde, vanagloriarnos de los muchos lugares que conocemos. Pero, para conocer el alma de un lugar, hay que llevar tiempo y ganas dentro de una maleta. Luego, olvidarte la máquina de fotos o el móvil y mirar, observar hasta emborrachar la mirada de sus gentes, hábitos y costumbres. Dejarte reposar en cualquier tasca que haya gente lugareña y escuchar sus voces, sus sentires y querencias, acentos y palabras, respirar hondo cuántas veces sea necesario hasta cerrar los ojos y saber que huele a un solomillito al huisqui de Casa Cuesta, por ejemplo, o que el incienso que envuelve a la capilla de los Marineros es a veces a Flor de Rosa, benjuí o mirra.

Para conocerte de veras, Triana, me he colgado cientos de veces en tu sonrisa. Después, me he atrincherado un rato en los latidos de tu corazón. Más tarde, he gateado hasta tu mirada y me he asomado a ver caer la tarde desde tus ojos. Me he parado y sentado junto a ti en la ribera del Guadalquivir y prestada atención a tu piel marinera y eco flamenco. Tú, mi Triana, has mirado con esos ojos de nostalgia y ha resbalado de tu rostro una lágrima al saberte que, poco a poco, te van arrebatando tu esencia para mudarte a un pequeño parque temático…

  • Pero para mí, mamá, Triana huele a azahar, soy poco original. Aún tengo azahar en el bolsillo de la chaqueta de la última primavera, y cuando me lo acerco a la nariz siento que estoy acariciando a Triana.
  • Nena, ¿quién es ese Triana? Acaso, ¿te has enamorado de él?
  • Sí, mamá. Rotundamente sí.
  • Y tu marido, ¿qué vas a hacer con él? – Sonreí, me inspiró tanta ternura.
  • Tranquila, son amores compatibles-le dije en un susurro.
  • Niña, ¡Pobrecillo! Tu marido es un cornudo.

En mi boca estalló una carcajada. Tapé a mi madre, la noche había caído en un dulce peregrinar de lluvia y me despedí con un triste “Hasta mañana”

Ya ves, mi querida Triana, así transcurre mi vida ahora, al lado de la cabecera de una cama donde una madre le cuesta partir y yo, mientras tanto, la cuento mis amores con Triana.

¡Hasta la semana que viene!

M Ángeles Cantalapiedra, escritora
©Largas tardes de azul ©Al otro lado del tiempo ©Mujeres descosidas ©Sevilla…Gymnopédies