Pánico en el Puente de Triana al paso de la Esperanza: Semana Santa 1974

¿Sabías que….en la Semana Santa de 1974, cuando pasaba por el puente abarrotado de público la Esperanza de Triana, se produjo súbitamente una fuerte vibración que provocó el pánico colectivo y ocasionó el cierre del puente al tráfico y peatones?

Esta es la historia:

El Puente de Triana* que desde su inauguración ha estado ligado al paisaje de la ciudad, comenzó a inquietar a los responsables de la ciudad desde el año 1950 al verse incrementado el tráfico y la intensidad de las cargas.

De hecho, en 1964 se presentó un proyecto para sustituirlo por un puente de hormigón, más resistente al peso, pero este proyecto quedó aparcado.

En la Semana Santa de 1974, cuando pasaba por el puente abarrotado de público la Esperanza de Triana, se produjo súbitamente una fuerte vibración que provocó el pánico colectivo. Este incidente resolvió a la Administración a cerrar el puente al tránsito de vehículos y peatones, y desempolvó el proyecto aparcado.

Cuando se conoció que el puente iba a ser derribado y sustituido por otro nuevo de hormigón, se produjo una gran polémica impulsada por la indignación de los ciudadanos y algunas instituciones de la ciudad que defendían la permanencia del puente metálico por su valor simbólico.

Los ánimos se encendieron más cuando el ingeniero padre del proyecto del puente de hormigón, D Fernandez Casado, publicó un artículo en la prensa afirmando:

“la imposibilidad de poner el puente en condiciones mediante refuerzo o reparación”

En plena refriega la Administración encarga un segundo informe al ingeniero D. Juan Batanero quien también en prensa afirmó que:

“sustituir el puente metálico por otro de vigas rectas constituiría una aberración independientemente de su coste” proponiendo una solución que permitiría “conservar la forma actual del puente, sustituyendo el tablero y descargando de su trabajo a la parte antigua de la estructura (arcos y anillos de enlace entre estos y el tablero)”.

Gracias a la reacción del Colegio de Arquitectos sevillano y a la Comisión de Patrimonio Histórico-Artístico, el puente se pudo salvar para suerte de los sevillanos que hoy lo podemos contemplar. Pero mientras duraron las obras, las hermandades de Triana hubieron de cambiar su itinerario para hacer la estación de penitencia, y les obligó hasta 1978 a realizar un largo rodeo. Éstas utilizaron la entonces Avenida (que no puente) del Cristo de la Expiración -Chapina- para la ida y el puente de San Telmo para la vuelta.

Como curiosidad decir que el caso del puente de Triana crea precedente ya que a instancia de los ciudadanos y actores sociales, se hace una valoración simbólica de una obra pública:

El puente, de evidente belleza, puede considerarse como un monumento incorporado al alma de Sevilla y Triana.

Mantener el Puente fue capricho de la ciudad, gracias a cuya constancia y a la acertada intervención rehabilitadora y conservadora lo podemos seguir disfrutando.

Juan Bataneros fue el encargado de las obras de reparación del puente. En una conferencia en el colegio de los Salesianos de Triana en 1976, explicó que “aunque no había razones técnicas para explicar la supervivencia de la obra cuyos coeficientes de seguridad estaban al límite y que como ingeniero pensaba que lo mejor era derribarlo, como hombre sensible se inclinaba con el sentir popular y por conservarlo como reliquia de la ciudad”. Y explicó sobre planos y diapositivas cómo se pretendía conseguir hacerlo útil y transitable sin tocar la fisonomía del mismo. A su disertación siguió un animado coloquio en el que, según la prensa de la época, hubo inteligentes y simpáticas observaciones de los trianeros y demás público que llenó el salón de actos de los salesianos.

(*) Otra curiosidad: cuando se decide hacer un puente que sustituya al famoso Puente de Barcas, cobra fuerza hacerlo de hierro y no de piedra gracias a las nuevas técnicas desarrolladas en la época. Cuando los duques de Montpensier, con residencia en Sevilla, conocen el puente Carrousel de París, se encaprichan de él y convencen al Cabildo para que lo incluya como opción. Como ésta resulta ganadora, no es extraño que se haga tan parecido al del Carrousel -por no decir idéntico- ya que hubo que abonar el importe de la licencia de la patente.

De modo que en Sevilla se hizo una obra de hierro aplicando las posibilidades técnicas y de mercado del momento.

Mantener el Puente de Isabel II fue capricho de la ciudad, gracias a cuya constancia y a la acertada intervención rehabilitadora y conservadora lo podemos seguir disfrutando y nuestras hermandades vuelven cada año a Sevilla a realizar su estación de penitencia atravesando este emblemático puente.

Elaboración propia: El Diario de Triana

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Fuentes consultadas:
  • Hemeroteca ABC
  • Ingenieros de Caminos y el patrimonio de la Ingeniería- JA F. Ordoñez.
  • Ficha histórica del Puente de Isabel II – US
  • El Puente de Triana y su tiempo- MA Avila

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